Pablo Motos, entrenador personal de Feijóo

¿Qué casualidad que Antena 3 invitara a Alberto Núñez Feijóo el mismo día que Zapatero tenía que declarar ante el juez de la Audiencia Nacional. Una estrategia para añadir más presión mediática. El líder del PP apareció en El hormiguero visiblemente nervioso. Antes de empezar la entrevista, Feijóo pidió enviar un saludo cálido a Ilia Topuria, machacado de lo lindo en el aniversario de Donald Trump. Una reacción desconcertante teniendo en cuenta el contexto de sangre y vísceras de aquella fiesta decadente. Pero el gesto pareció una alegoría de la nueva velada que estábamos a punto de ver. El gran teatro del shadowboxing, aquellos entrenamientos donde el boxeador lucha contra una sombra, contra un rival imaginario, practicando golpes al aire y esquivando ganchos invisibles. Pablo Motos hizo de entrenador, de corner man entregado a la causa.

El presentador no paraba de referirse al gran pesimismo social: “Te acuestas para echar una siesta y cuando te levantas hay otro escándalo¿Qué es lo que los españoles pueden esperar de usted si un día llega a la Moncloa?¿Qué es lo que los españoles pueden esperar de usted si un día llega a la Moncloa?¿Es posible que el PSOE acabe imputado?¿Es posible que el PSOE acabe imputado?”, “¿Está en peligro la democracia?”, “¿Qué más tiene que pasar para que Pedro Sánchez adelante las elecciones?” Lo único que le molestó a Feijóo fue tener que reconocer su incompetencia con el inglés.

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Periodísticamente, es urgente un proceso de verificación de todas las respuestas de Feijóo. Motos no le cuestionó ningún dato. Pero todas las cifras y valoraciones relacionadas con la inmigración y su regularización chirriaban. También se llevó lo suyo Andreu Buenafuente. El líder del PP aseguró que, en el pasado, el humorista le explicó que él tenía 40 guionistas en su programa. “Yo solo tengo once...”, soltó Motos con un poco de pie frío. Fue incómodo que el presentador le cuestionara tres veces la ley del aborto. Y fue feo que Feijóo utilizara el caso de Noelia Castillo con fines políticos sobre la eutanasia.

Al final de la entrevista, Feijóo fue proclamado vencedor de la farsa. El crescendo de la conversación fue una parodia de aquel Rocky subiendo las escaleras del museo de arte de Philadelphia y dando golpes al viento para celebrar su renacimiento. Feijóo, a diferencia de Topuria, salió sin ni un rasguño de un combate que no existió nunca.