Tensión política y violencia contra los periodistas
BarcelonaUno de los mejores indicadores para saber si una crisis política está derivando en tensión social son los episodios de violencia o intimidación contra los periodistas. En el caso de la crisis de Ceuta, con un nacionalismo español exacerbado, el odio contra Pedro Sánchez se extiende a aquellos medios que se identifican como próximos al gobierno español. Así, por ejemplo, este miércoles un periodista de TVE que cubría la manifestación de la Cibeles, en Madrid, a favor de Ceuta (y en contra de Sánchez) tuvo que ser protegido por la Policía Nacional cuando los asistentes le increpaban y le intentaban quitar el micro.
Uno de los que lo están pasando peor es el corresponsal de TVE en Ceuta, Jesús Navarro, que también ha sido increpado en diversas ocasiones, aunque él prefiere quitarle hierro y le comentaba a Xabier Fortes que los que lo hacen son una minoría.
Resulta curioso el odio contra RTVE por parte de la derecha, ya que sus periodistas, a diferencia de los de los medios privados, son personas que han tenido que pasar unas pruebas para conseguir la plaza. Estoy hablando, evidentemente, de los que forman parte de la redacción de informativos, otra cosa son los de programas de productoras. Y en todos los casos se trata de trabajadores, a menudo con sueldos precarios. Por eso convertirlos en el enemigo a batir es tremendamente injusto.
Ahora bien, el odio a los periodistas se ha convertido en un clásico de todas las crisis políticas, y en algún caso en un pilar estructural de la estrategia de algunos líderes políticos, como por ejemplo Donald Trump y muchos movimientos populistas, de izquierdas y de derechas. Curiosamente, estos que abuchean a periodistas seguramente son los primeros en aplaudir a pseudoperiodistas como Vito Quiles o Iker Jiménez, de lo cual debemos inferir que lo que les molesta no es tanto la línea de tal o cual medio como el periodismo en sí.