Hacerse el enfermo para no tener que volver a casa
La Casa de Convalecencia del Hospital de la Santa Cruz, joya del Barroco
Tiene todo el sentido del mundo dedicar un capítulo de Un país de ciència a la Casa de Convalescencia del Hospital de la Santa Creu, situada en el Raval, a cuatro pasos de la sede del ARA. Es la sede del Institut d'Estudis Catalans (IEC), cuya Sección de Ciencias es potentísima. Los catalanes relacionamos el IEC, nuestra academia nacional, sobre todo, con el catalán y su diccionario normativo, el DIEC. Pero al amparo de esta entidad más que centenaria (fue fundada en 1907 por Enric Prat de la Riba) se han realizado investigaciones científicas muy diversas de temas tan variados como el biogenoma, los Pirineos románicos o las migraciones y la diversidad.
Además, la Casa de Convalescencia supuso un avance muy importante en el cuidado de los enfermos: algunos de quienes tenían el alta del Hospital de la Santa Creu, situado al lado (ahora está la Biblioteca de Catalunya) hacían una estancia para recuperarse y evitar una recaída. Visito este espacio acompañada de Fàtima Duarte, que sabe un montón de su historia. Ha realizado numerosas visitas guiadas y se ha tenido que documentar para hacer unas explicaciones buenas y amenas. La primera parada ya es un lugar excepcional: el precioso claustro, uno de los más pintados de Catalunya (esto tiene una explicación: está a tocar de la Escola Massana, y muy a menudo los estudiantes de este centro artístico venían aquí a hacer prácticas). En el centro del patio claustrado se alza una escultura de sant Pau, de Lluís Bonifaç. Barbudo, lleva una espada en una mano y un libro en la otra. Son dos herramientas de poder, pero la segunda es –o debería ser– más poderosa.El comerciante Pau Ferran estuvo alojado en el Hospital de la Santa Creu. La leyenda dice que se arruinó, cayó enfermo y lo atendieron. Cuando se recuperó, decidió dedicar su fortuna a la construcción de la Casa de Convalecencia (con la condición de que san Pablo tuviera protagonismo). La escultura de san Pablo, de piedra de Montjuïc, está encima del pozo de donde se extraía agua a raudales para el día a día. "Si tenían sospechas de que el agua estaba contaminada, se daba vino a los pacientes", comenta Fátima. "Aquí los convalecientes estaban bien cuidados. ¡Comían carne y postres cada día!" Algunos fingían estar enfermos para no tener que marcharse. Subimos por unas escaleras hasta el primer piso, donde está el sobreclaustro. El ascenso lo hago poco a poco porque me llaman la atención los arrimadores, con dibujos de frutas, entre otros motivos. Las baldosas que recubren las paredes son un recurso habitual en este centro. El pasamanos de la escalera es de cobre. "Ayuda a la desinfección", subraya Fátima. "Así, los familiares que iban a visitar a un enfermo se desinfectaban las manos", añade. Todo esto pasaba siglos antes de que llegara la covid. Estamos ahora en la capilla, dedicada a san Pablo, esclar. En los arrimaderos hay pintadas algunas herraduras, que simbolizan Pau Ferran. ¡Qué contraste la austeridad del claustro con el cargamento de esta capilla, donde hay una trabajadísima pintura de Antoni Viladomat, uno de los grandes del Barroco!La capilla es el nexo de unión del dormitorio de los hombres y el de las mujeres. Los convalecientes podían oír misa desde la cama, y si tenían ánimo o fuerza para levantarse, acudían. Además de rezar, venir a la capilla tenía un aliciente adicional: era el único lugar donde podían "verse las caras" hombres y mujeres, chicos y chicas.什么 marit y mujer, padre e hija, amigos o más-que-amigos. Todos dormían por separado, y también desayunaban, comían y cenaban por separado... No fuera caso.
En la Casa de Convalecencia también hay un jardín, que curiosamente está en la primera planta. En realidad son una serie de parterres con plantas que salen en las narraciones de Mercè Rodoreda. El jardín es un homenaje a esta gran escritora y artista plástica (hizo dibujo, pintura y collages, cosa poco conocida). Además, hay un espacio que repasa su vida y obra.
"¿A dónde va este puente?", pregunto a Fátima. Une el jardín elevado, cruzando la calle Egipcíacas, con otro edificio científico: la sede del CSIC, el centro de investigación español. "Nunca he visto pasar a nadie", dice Fátima. Y eso que hay estudiosos que tienen la doble condición de miembro de un centro y del otro: el CSIC y el IEC. Una especie de doble nacionalidad científica.Acabamos la visita en un espacio dedicado a Pompeu Fabra, donde se muestran publicaciones originales suyas, como las Obras completas, la Gramática de la lengua catalana, el Diccionario general de la lengua catalana... Cabe destacar que Fabra fue uno de los fundadores de la Sección Filológica del IEC, que presidió durante muchos años, hasta su muerte. Hay también expuesto un bonito dibujo –una reproducción ampliada– de él de joven, en blanco y negro, hecho por Ramon Casas.
Cincuenta años de construcciónLa Casa de Convalecencia es una construcción posterior al Hospital de la Santa Creu (inaugurado en el año 1401). Las obras comenzaron en 1629, pero se fueron realizando poco a poco por la escasez de dinero. El edificio se hizo con mecenazgo y, claro está, los ingresos llegaban a cuentagotas. Hubo más contratiempos, entre ellos un incendio importante. La construcción se alargó cinco décadas. No fue hasta el año 1680 que fue inaugurado.