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Generalitat de Catalunya

La investigación no tiene por qué ser útil

El Museo del Instituto Catalán de Paleontología Miquel Crusafont, una puerta abierta al pasado

Una investigadora del Instituto
29/07/2026 - 11:35 h.
4 min

Después de la pandemia ha habido muchas "ganas de naturaleza", de hacer excursiones (por eso hay más rescates que nunca) y un boom por buscar fósiles, como si fueran setas. Pero hay una ley estatal –de 1985– que establece que no se pueden coger fósiles en la naturaleza sin permiso de la administración.Hay fósiles que tienen mucho valor. La mayoría. "¿Cómo se puede saber su valor?", pregunto a Ángel Luján, jefe del Museo del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont. "No es nada fácil si no eres experto. Si encuentras uno hay que avisar enseguida. Como si fuera un fuego". Hay que apuntar la localización. Y dar noticia al Museo del ICP (Institut Català de Paleontologia), que reúne miles y miles desde hace un montón de años. Llegan de muchas maneras: por hallazgos fortuitos, por intervenciones paleontológicas relacionadas con la investigación (mayoritariamente) o preventivas (en menor medida) relacionadas con excavaciones. "Si se hacen unas obras al aire libre en un terreno donde puede haber fósiles, nos tienen que avisar", me dice. "¿Y lo hacen?". "Casi siempre. ¡Tienen la obligación de hacerlo!", remarca Josep Maria Robles, jefe del Área de Gestión de Colecciones del Museu de l’ICP.Estamos en el Museu de l’ICP, que lleva el nombre de Miquel Crusafont, el padre de la escuela catalana de paleontología de vertebrados. Crusafont fundó el Institut Provincial de Paleontologia, donde trabajó hasta su muerte. Fue un gran trabajador –y un gran fumador (a veces se dormía con el cigarrillo encendido y dejaba una quemadura en las sábanas), cosa que le afectó la salud, y le costó la vida–. Disfrutaba buscando fósiles, pero no para hacer colección, sino para la investigación colectiva, en Cataluña y más allá (tomó parte en expediciones paleontológicas a Túnez y Marruecos). También le llegaban fósiles gracias a las amistades. Por ejemplo, en una ocasión un pastor recogió una piedra para lanzarla a fin de conducir el rebaño, pero se dio cuenta de que no era como las otras, sino que era una mandíbula fosilizada. Se la guardó y más adelante fue a parar a manos de Crusafont. Resultó que tenía un gran interés: era la mandíbula de un primate.El museo, situado en el centro de Sabadell, es muy didáctico: hay paneles bien hechos con explicaciones de aspectos de la paleontología y algún elemento interactivo. Pero tiene pocas piezas "reales" expuestas. Me fijo en una fotografía de un dinosaurio titanosaurio. "Aquí, en Cataluña, ha habido mucho movimiento tectónico. Por eso los fósiles de dinosaurios no están nada enteros, como sí que pasa en los Estados Unidos", comenta Ángel. "Además, en general los dinosaurios de aquí son de tamaño más pequeño".Bajamos al sótano, donde están los almacenes, y entramos en una sala T (de Tipoteca). Es el espacio destinado a conservar los fósiles tipo, es decir, los ejemplares que sirven para definir especies nuevas. Hay fósiles de todas las partes del esqueleto de vertebrados. Los dientes son especialmente importantes. Nos dicen muchas cosas del animal. Visito a continuación, con un viaje en coche, la sede del Museo del ICP, el Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont, en el Campus de la UAB. Me recibe David M. Alba, el director. Y me presenta a diferentes investigadores. Uno de ellos, Isaac Casanovas-Vilar. Así que abre la puerta de su espacio de trabajo y me ofrece una amplia sonrisa, me fijo en unos sacos detrás de la puerta, en el suelo. "Están llenos de sedimento, y mezclados entre el sedimento hay fósiles de roedores, que con un tamiz iré separando", me comenta Isaac, para quien los roedores tienen un atractivo especial porque evolucionan muy rápidamente.En otro despacho un equipo de investigadores se dedica a hacer estudios computacionales de biomecánica. "Los ingenieros, a la hora de saber si por un puente pueden pasar camiones, hacen un cálculo con ordenador", dice. "Semejantemente, nosotros podemos calcular la fuerza de las mandíbulas, por ejemplo; esto nos permite saber más o menos qué comían los animales", me dice."¿Y todas estas investigaciones qué utilidad tienen?", digo. "La investigación no tiene por qué ser útil, la generación de conocimiento es un bien en sí mismo", me comenta David cuando entramos en el gran almacén, plenísimo de fósiles de tortugas terrestres. Tengo la impresión de estar dentro de la película En busca del arca perdida. Termino la visita al laboratorio de preparación de fósiles, donde me recibe su responsable, Xènia Aymerich. "¡De esto no puedes hacer fotos!", me avisa Xènia. Se refiere a un fósil de gran interés que aún no han dado a conocer. Xènia se encuentra concentrada separando un fósil bastante grande de la matriz (el sedimento que rodea el fósil y rellena las cavidades). Lo hace con un micropercutor. "Aquí todo es manual", dice. Se usan bastantes herramientas de otras disciplinas: pinzas, bisturís... Una vez separado el fósil de la tierra, lo consolidará con resinas sintéticas. El criterio, siempre, es la mínima intervención.Xènia me muestra un dibujo en el que están los doce meses del año. Es una representación de la historia de la Tierra comprimida en un año. El 1 de enero se forma la Tierra. No es hasta marzo que aparecen las primeras formas sencillas de vida. En noviembre llegan los primeros vertebrados. El 19 de diciembre llegan los primeros dinosaurios, y el día de San Esteban se extinguen. El 31 de diciembre ya tenemos el imperio romano. Y nosotros –los humanos– llegamos prácticamente al último instante del día 31 de diciembre.Una gran diversidad de fósilesEl Museo del ICP tiene una gran diversidad de fósiles, principalmente de Cataluña, pero también de todos los continentes. Están bien conservados y clasificados. De un armario compacto me muestran una caja repletísima de bolsitas de plástico, cada una con su número de catálogo. El código se encuentra en una etiqueta con radiofrecuencia. Una pistola similar a las de las cajeras (y cajeros) en los supermercados permite localizar los fósiles fácilmente.

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