El museo de la sexta extinción
Carles Lalueza, director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, nos acompaña al 'Planeta Vida'.
"Ha habido hasta ahora en el planeta cinco grandes crisis de extinción. La última fue causada por un meteorito que cayó en la Tierra. Es cuando se extinguieron los dinosaurios. Ahora estamos inmersos en la sexta: los animales se extinguen a un ritmo más rápido de lo habitual debido al cambio climático y la acción del hombre", explica Carles Lalueza-Fox, director del Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, experto en técnicas de recuperación de ADN antiguo y en genética evolutiva. Lalueza es doctor en biología y una autoridad mundial en paleogenética (la ciencia que estudia los genomas del pasado). Esta extinción, la actual, es la primera que es culpa nuestra, de los humanos. Se debe a unos cuantos factores: destrucción del hábitat, contaminación, especies invasoras, cambio climático... Se calcula que hay actualmente unas 47.000 especies en peligro de extinción. Sí, es una barbaridad.Por eso este museo, que debería devenir Museo Nacional de Ciencias Naturales de Cataluña –cosa que avanza a paso de tortuga– ha impulsado diversos biobancos, instalaciones en las cuales se conservan en frío muestras biológicas e incluso células madre de especies que están en peligro de extinción. Por ejemplo, se están recopilando muestras de anfibios de Cataluña actualmente amenazados. En el biobanco se conservan los ADN y así pueden ser objeto de estudios genéticos más adelante, en el próximo siglo, por ejemplo."Además, colaboramos con el CrioZoo, donde se guardan en nitrógeno líquido cultivos celulares y células madre de animales", me explica Carles. "También trabajamos en la conservación de la biodiversidad, en colaboración sobre todo con la Generalitat. Cuando se hace una carretera que afecta a plantas autóctonas en peligro, nos llaman y nos las llevamos al jardín botánico de Barcelona, donde las replantamos o guardamos las semillas en nuestro banco de germoplasma"."Ahora estamos en proceso de «entender» genéticamente los seres vivos en el contexto de la crisis actual de biodiversidad", me explica Carles mientras pasea por el área Biografía de la Tierra de la exposición Planeta Vida. "Las especies amenazadas deben poder conservarse para las generaciones futuras", añade.Entramos en una recreación muy bien hecha de un gabinete de coleccionista, la Colección Salvador. Es una de las llamadas "islas de ciencia". En esta colección había, tanto con afán coleccionista como curativo, animales, herbarios, tierras, minerales... y bastantes fósiles. Como antes no se concebía la evolución ni la vida pasada, había gente que pensaba que los fósiles eran "copias" que "hacía" la naturaleza, y así Dios ponía a prueba a los creyentes. "Dios engaña a los descreídos, pensaban", comenta Carles mientras toca una pirita (de color dorado, en forma de cubo). Ya hace tiempo que los museos no solo "dejan" tocar sino que "invitan" a tocar, y este no es una excepción.Tiempo atrás, en los museos todo estaba protegido con vitrinas. Aquí de vitrinas sí que las hay, con animales naturalizados. Pero son vitrinas "a los cuatro vientos". Tengo delante un león naturalizado, dentro de una vitrina, que comparte el espacio con muchas otras bestias predadoras. Al lado del león está Urko –en este caso en una vitrina para él solo–, gorila, hijo del mítico Copito de Nieve y Ndengue del Zoo de Barcelona. Murió con 25 años a consecuencia de una peritonitis. "¿No debería ser blanco?", pregunto a Carles. "No. Lo que provoca albinismo es un gen recesivo. Participé en el estudio que obtuvo el genoma completo de Copito. Descubrimos que los padres eran consanguíneos, es decir, estaban emparentados", explica.Los arquitectos Herzog y De Meuron se hicieron cargo de la museografía, y diseñaron estas vitrinas "a los cuatro vientos". Además, adaptaron el edificio, que había sido construido para el Fórum de las Culturas y que después de su celebración quedó vacío. "Esta es una de las maldiciones de los museos de ciencias naturales: se instalan en edificios que no han sido pensados para acogerlos. Es un edificio extraño para un museo: laberíntico, con cambios de niveles... y oscuro: las piezas las tienes que iluminar; esto hace de la visita una experiencia inmersiva", dice Carles. Herzog y De Meuron, autores de la renovación de la Tate Modern de Londres y del Estadio Olímpico de Pekín, tuvieron que exprimir sus conocimientos para adaptarlo a museo. Una de las singularidades de este museo es que tiene una cubierta verde visitable, con especies del área mediterránea.Otra "isla de ciencia" que me llama la atención del museo es la dedicada a cómo se clasifican los seres vivos. Para introducirlo, se habla de las diversas maneras con que podemos clasificar los botones. "Ahora los seres vivos se clasifican de acuerdo con su contexto evolutivo. Sin la evolución no se puede entender el mundo natural", subraya Carles. Por eso el museo no muestra los seres vivos ordenados como lo hacíamos en la escuela (pájaros, mamíferos...) sino por conceptos como volar o evitar ser comidos. Es decir, teniendo en cuenta todo aquello que les ha permitido sobrevivir a lo largo de la evolución. La cabeza de Lalueza hierve de proyectos. "Me gustaría un día hacer una exposición de meteoritos históricos en Cataluña". El Museo de Ciencias Naturales tiene muestras de cuatro meteoritos caídos en Cataluña entre los siglos XVIII y XIX. Son pequeños fragmentos que nos explican características del origen del sistema solar. Uno es el oficialmente conocido como el "meteorito de Barcelona", que cayó en... ¡Terrassa!, el día de Navidad de 1704, en plena Guerra de Sucesión. Algunos decían que vaticinaba grandes desgracias. En fin, Cataluña perdió la guerra.Una tercera exposición que Lalueza querría llevar a cabo –esta sí que está en marcha– es sobre un mamut encontrado el año 1920. "Nuestros paleontólogos lo están estudiando (quieren determinarle el sexo, la antigüedad y también están reconstruyendo los huesos que le faltan)". Se hará en 2028. El mamut se encontró en el barrio barcelonés de Pedralbes. Sí, mucho antes de construir allí casas de alto standing se paseaban mamuts.Un espectacular esqueleto de ballena del siglo XIX Recuerdo haberlo visto en el Castell dels Tres Dragons, en la Ciutadella, donde estaba el Museu de Zoologia, de donde proceden una parte de las piezas del Museu de Ciències Naturals de Barcelona. Por suerte se ha podido conservar. Es un espectacular esqueleto de ballena. El visitante que entra al museo pasa por debajo: se encuentra encima de las escaleras de entrada. Este esqueleto es de un cetáceo que en 1862 encalló en la playa de Llançà. Pesa una tonelada –¡solo el esqueleto!– y mide casi veinte metros de largo.