Futbol

Lluís Cortés: “Todos los rumores sobre mi salida del Barça son falsos”

BalaguerTocó el cielo la temporada pasada y ahora Lluís Cortés (Balaguer, 1986) comienza una nueva etapa al frente de la selección femenina de Ucrania. Su adiós fue repentino y levantó bastante polvareda. El técnico catalán abre las puertas de su casa al ARA para reflexionar y compartir sus nuevas sensaciones en el banquillo y reivindicarse.

¿Cómo te sientes ahora volviendo a coger un equipo después de haberte ido del Barça?

— Volver al campo a entrenar y sentirte entrenador es una sensación muy buena. Es verdad que yo necesitaba descansar, desaparecer un tiempo y tomarme tres o cuatro meses de descanso. Pero volverlo a tener te hace sentir muy bien. Me he encontrado gente muy predispuesta a aprender, a escucharnos. Para ellos todo es bastante nuevo porque tenemos que entender el nivel que tiene ahora mismo Ucrania y todo el contexto que rodea al equipo. 

¿Cómo te llega la propuesta?

— A través de un representante que envía la Federación de Ucrania para ficharme. El presidente me quiere a mí, puesto que quiere hacer un proyecto de desarrollo del fútbol femenino en el país de cara a la Eurocopa de 2025. Él quiere contar con quien para él es el mejor, y además sabe que no tenía equipo. Cuando el agente contacta conmigo, de entrada le digo que no. Me llega a los dos meses y medio y yo quería tomarme tres meses de descanso. Lo avisé que hasta el 1 de octubre yo no hablaría con nadie. Volvieron a contactar conmigo y la oferta era mucho más buena, no podía decir que no. 

¿Qué te ofrecen?

— Yo les pongo dos condicionantes y ellos los aceptan. El primero es que quiero continuar viviendo en Balaguer, porque creo que es lo que necesito ahora. El segundo es que si me llega la oferta de un club, me dejen salir al día siguiente sin ninguna compensación ni problema. Entiendo que es un proyecto hasta 2025, a pesar de que tenga firmados solo dos años de contrato. Pero si sale una oferta que es suficiente atractiva en un momento en el qu yo ya tengo ganas de volver al día a día de un club, lo puedo hacer. Esto me permite seguir entrenando, tener la parte de gestión que siempre me ha gustado, y encajar la conciliación familiar. 

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¿El staff lo eliges tú?

— Yo cuando me voy del Barça, a Rafel, a Jonatan y a Uri, que son los tres asistentes que dependían de mí, les digo que me iré pero que ellos sigan en el Barça. Y que si les ofrecen ser el primer entrenador, que lo cojan. Era un equipo ganador y era una oportunidad muy buena. Tenían que decir que sí. Yo no tengo intención de entrenar pronto cuando salgo del club y entonces tampoco les puedo ofrecer un trabajo a corto plazo. Cuando me sale la opción de ir a entrenar en Ucrania, dejar el equipo a media temporada es más complicado y tiene un punto de poca ética profesional. Entonces fue cuando busqué gente de fuera.

¿Te atrae mucho la parte de crear un proyecto desde cero?

— Es un gran aliciente y lo que realmente hace atractivo este proyecto. A veces cuando entras en una dinámica de club, donde ya hay mucha gente con contrato, tanto de jugadoras como de staff, vas muy condicionado. No es fácil. A lo mejor necesitas dos o tres años, de adaptación y para poder construir a tu manera. En la selección, en cambio, el mensaje del presidente fue: "Lluís, lo que tú quieras".

¿Cuando llegaste al banquillo del Barça, en cierto modo, también era comenzar una nueva etapa, no?

— Sí, pero en el Barça había una necesidad de inmediatez. Era el mejor equipo y no estábamos ganando nada, y necesitábamos resultados. Había un punto de presión.

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Cojes las riendas del equipo en esta situación de frustración del club, de tener un buen equipo pero no obtener resultados.

— En cuanto a la autoridad no hubo ningún problema, puesto que las jugadoras aceptaron mi cambio de rol. Pasé de ser el asistente a ser el primer entrenador y ellas lo aceptaron enseguida, igual que pasó con mis compañeros del staff. Pasas de ser un igual a estar por encima para tomar decisiones.

¿Parte del triunfo de este vestuario parte de la convicción que había para conseguirlo?

— Cambiamos muchas cosas pero sobre todo cambiamos la mentalidad. Pasamos de ser un equipo bueno a ser un equipo campeón. Esto pasa por cambiar cómo lo enfocas todo. Por ejemplo, los planteamientos de los partidos ya no eran cómo contrarrestar al rival, sino cómo ser nosotras mismas. Este cambio de mentalidad es cierto que implica un desgaste, que no es nada fácil. Al principio cuesta cambiar el enfoque de los partidos, de los entrenamientos, para buscar la mejora de cada jugadora. Por ejemplo, Alexia tenía que entender que era una jugadora que tenía opciones de ganar la Pelota de Oro. Pero primero se lo tenía que creer ella.

¿Fue más complicado instaurar estos cambios o mantenerlos?

— Es mucho más complicado mantenerlo porque los seres humanos tenemos la tendencia de que, cuando conseguimos una cosa, ya lo tenemos y te faltan alicientes para volver a conseguirlo. Yo siempre digo, y estoy convencido, de que este equipo seguirá ganando porque hemos conseguido una mentalidad muy ganadora y que esto, como mínimo durante 2 o 3 años, se mantendrá.

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¿Qué era más complicado, implementar el estilo de juego, el famoso ADN Barça, a toda la plantilla o el trabajo de coach del día a día en el vestuario para mantener la tensión competitiva?

— Todo un poco, pero quizás a nivel de juego no era tan difícil porque es una idea de juego muy chula, que es muy fácil venderla entre las jugadoras. Cuando ves que con esta manera de jugar ganas partidos, haces muchos goles y te lo pasas muy bien, esto se vende solo. Yo recuerdo reuniones con jugadoras para ficharlas donde lo que más valoraban del Barça era que las jugadoras se lo pasan muy bien. La otra parte de mantener tensiones, gestionar vestuario, repartir minutos... quizás es lo que es más complicado en un vestuario de este nivel.

¿Cómo definirías el vestuario del Barça?

— Es difícil poner un adjetivo a un vestuario tan diverso, pero lo que sí que diría es que es un equipo campeón. Es un conjunto que todavía quiere ganar más. Quizás algún día se acaba, pero de momento todavía es un equipo campeón. Sí que es verdad, sin embargo, que hay mentalidades muy diferentes. Si todas fueran hipercompetitivas, tampoco sería bueno. Si alguna pone pausa algún día, ya va bien. O si todas tuvieran horchata en la sangre, tampoco iría bien. Encontrar el equilibrio es la clave.

¿Para ti la temporada pasada fue agridulce por el hecho de haber acabado yéndote?

— No, para mí es una temporada muy buena. Lo ganamos todo, y si es un poco agridulce es por no haber ganado la Supercopa. Fue un partido que se nos escapó cuando no tendría que haber sido así. No lo es por el hecho de haber decidido irme. Son situaciones que se dan. Yo, desde el primer día que fui entrenador, les decía a mis amigos y familia que no sería entrenador del Barça toda la vida. Sabía que lo dejaría en algún momento y la suerte ha sido que lo he podido decidir y no me ha echado el club [se ríe].

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¿El club no te invitó a irte, pues?

— Yo hablé con Markel Zubizarreta y le dije que pensaba que lo mejor era cambiar. Está claro que dentro del vestuario había jugadoras que estaban a mi favor y que estaban conmigo, y otras que no. Esto es normal cuando tienes que tomar decisiones y llega el final de la temporada. Quitando esto, a mí el club nunca me dijo que yo tenía que irme. Yo hablaba mucho con Markel y con las jugadoras y acabé viendo que necesitaba tiempo y desconectar. Llega un punto donde ves que también hay alguna jugadora que tampoco está contigo y que será difícil en julio volver a empezar y convencerlas para conseguir volver a ganarlo todo, que es lo mínimo que se nos pediría este año.

¿Cuándo te empiezas a plantear dejar de dirigir el equipo? 

— Cuando ganamos la Champions. Cuando yo entré en Barça, que no habían ganado nada, con las jugadoras había comentado que sería el entrenador hasta que ganaran la Champions. “Cuando ganamos la Champions, aquí os quedaréis”, les decía en broma. Llegó aquel día y los días siguientes y la pregunta era: ¿y ahora qué? Hablé de ello con algunos amigos y me decían que estaba loco. Fue un año muy complicado con la pandemia. Fue horroroso. Yo creo que la gente no es consciente de lo que suponía ser entrenador del Barça en tiempo de pandemia. Adquirí una responsabilidad muy grande para no contagiar a nadie del equipo y al final esto comporta que se reduzca al mínimo tu vida social y que pases muchas horas con la gente del staff y del equipo. Esto también hace que te cargues mucho. Además, personalmente pasas por situaciones de tu vida que no son agradables. Todo esto me hace pensar que la mejor opción es ponerle fin.

¿Te habría gustado salir de otro modo? 

— Me habría gustado irme y todo se hubiera normalizado mucho más. 

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¿Viviste aquellos últimos días como un motín de las jugadoras? 

— No. Son reuniones que se hacen. Algún medio explicó cosas que no eran ciertas y se decían nombres de personas que no estaban en estas reuniones. Tampoco lo viví como un motín. Ellas están en una reunión donde exponen su situación igual que yo me reúno con Markel y le explico la mía. Es cuando veo cosas que me llevan a tomar la decisión. 

Salieron muchos rumores sobre ti. Relaciones con jugadoras, enemistades… ¿Ninguno de ellos es cierto?

— A pesar de la desconexión, me llegaron todos estos rumores. Al final ves que no tienen ningún fundamento, ningún sentido, y lo único que pueden hacer es daño, que me puedan poner una etiqueta de una cosa que no soy. Pero tampoco podría salir a defenderme de una cosa que yo no he hecho. No tiene ningún sentido. Creo que lo más importante es que estoy con la conciencia tranquila y ya está. Todos los rumores sobre mi salida del Barça son falsos.

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Mucha gente destacó que las jugadoras no te enviaron ningún mensaje por redes despidiéndose de ti. 

— Tenemos que aprender que no solo existe lo que se hace en público. Hay jugadoras que sí que me escribieron por privado.

Pasados unos meses, ¿volverías a tomar la misma decisión?

— Totalmente.

No te pudiste despedir de la gente. ¿Por qué? 

— Quizás no lo hicimos bien nadie, pero yo me quería esperar al último día para decirlo. No quería anunciarlo antes y que condicionara las cosas, que se empezara a especular con los entrenadores. No quería un homenaje, tampoco hacía falta. Al final mi mejor homenaje era ganar lo que ganamos. Yo necesitaba desaparecer, estar tranquilo. A mí me pagaban para ganar y lo hice. El trabajo estaba hecho. Al final, mi relación con el club es muy buena. El otro día, por ejemplo, Laporta me escribió cuando se hizo público que entrenaría en Ucrania. No hay mal rollo para nada. 

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¿Te sorprendió el nombramiento del Jonatan? 

— Lo más fácil era seguir con alguien de dentro, era la apuesta segura. Por lo que sé, se está haciendo más o menos lo mismo. Cuando hay unas bases que funcionan, lo mejor es no cambiar demasiada cosa. El por qué Jonatan y no Rafael, esto ya se lo tienes que preguntar a Markel. Yo esto ya no lo sé. 

¿Crees que la Liga profesional llegará en algún momento? 

— Cuando hablo de desgaste y de cosas que queman, hablo a todos los niveles. Yo llevo desde los 16 años entrenando en el fútbol femenino y ves que vas tirando pero que no acabas de dar el paso. Ya no sé si es un tema que no interesa o hay algunos estamentos que no lo ven claro, o si hay personas con poder dentro de estos estamentos que no quieren que pase. No sé quién es el que no quiere pero es alguien con mucha fuerza a quien no interesa este paso del fútbol femenino. Ahora es el momento de dar el paso, pero cuando todos queremos nuestra parte del pastel y no nos gusta compartirlo es cuando hay problemas. Creo que hay intereses más allá del terreno de juego , y no por las jugadoras. No se está mirando por ellas.