Un país de ciencia

¿Estás seguro de que no te gustan las matemáticas?

En el Museo de Matemáticas de Cataluña está prohibido no tocar

La cúpula Leonardo.
28/07/2026 - 08:01 h.
4 min

Cornellá de LlobregatFrente al Palau Mercader, en Cornellà, un numeroso grupo de jóvenes de ESO, sonrientes, hacen girar una cúpula hecha de unos 250 bastones de madera –todos iguales– que mide unos cuatro metros de diámetro y un metro y medio de altura. De pronto, una de las chicas saca un bastón y al instante una parte de la cúpula se derrumba. La han ido construyendo colectivamente y riendo en unos veinte minutos.Los bastones se sostienen encavalcados mutuamente: si se saca uno, la cúpula se desmonta. Tal como un castillo que hace leña. Una de las singularidades de esta cúpula es que no es necesario ningún elemento de unión: el peso de las piezas es suficiente para mantener la estabilidad. "Haciendo la cúpula, se trabajan muchas facetas: pensamiento computacional, formas geométricas, dimensiones, proporciones, arquitectura...", me comenta Sergio Belmonte, vicepresidente del Museo de Matemáticas de Cataluña. "Esta estructura tridimensional aparece en dos pequeños dibujos en el Códice atlántico del genial Leonardo da Vinci", me explica Sergio. El escultor holandés Rinus Roelofs los descubrió y a partir de estos dibujos creó una serie de esculturas. Inspirándose en ello, el Museu de Matemàtiques de Catalunya diseñó la cúpula para hacer de ella un taller. Esta cúpula se puede obtener descargándola (gratuitamente) de la página web del museo. Universidades y asociaciones diversas la descargan muy a menudo.El Parque Mercader es una extensión del museo. Además del taller de la cúpula, también es el escenario de una gincana matemática que incluye preguntas como cuántos lados tiene el Palacio Mercader (hay que tener en cuenta que tiene cuatro torres octogonales) o bien cuántos números de cuatro cifras se pueden formar con los dígitos 1, 2, 3 y 4: 1234,1243,1324,1342,1423,1432... Las matemáticas nos dan herramientas para hacerlo rápido.Uno de nuestros lemas es Prohibido no tocar", me comenta Sergio mientras pasea por el parque. El museo propone enigmas, preguntas y retos, como por ejemplo descubrir cómo un vehículo se puede desplazar con diferentes «ruedas» que no son círculos (lo puede hacer con el llamado triángulo de Reuleaux: ¡buscad qué tipo de triángulo es!)."Este no es un museo para mirar sino para hacer", me dice Sergio, una máquina de hacer titulares. "En el museo no enseñamos, pero el público sí aprende", añade. Entramos ahora en una de las salas del museo, situado dentro del Palacio Mercader, que fue construido en el siglo XIX por encargo de Joaquim de Mercader i Belloch. Me entretengo un buen rato en hacer un tablero de ajedrez con ocho fragmentos que han de encajar. Sergio me propone estudiar bien las piezas, y me hace más recomendaciones que no revelo. Sin embargo, ¡no salgo! De repente aparece un chico que me ayuda. Es una escena habitual en este museo: si te encuentras atascado intentando resolver un reto, a veces aparece un ayudante espontáneo."Inicialmente el Museo de Matemáticas era itinerante. Era una exposición que se instalaba de manera temporal en otros museos, centros culturales, bibliotecas... de toda la región, especialmente catalana. Hasta que hace unos años se volvió sedentario y se instaló en esta sede, en Cornellà de Llobregat. Es un buen lugar, pienso: bien conectado con el resto del área metropolitana, y con este magnífico parque con muchos árboles, que generan generosas sombras, tan apreciadas estos días, y un trenecito, al que puedes subir (los domingos y otros días festivos por la mañana).A pesar de esto, el museo continúa haciendo giras en centros escolares para ofrecer miniexposiciones o talleres de geometría, estadística o magia matemática. Además, va a todo el mundo: "Hemos estado en Serbia, Irlanda, los Estados Unidos, Francia, Italia, en el Congreso de Arte y Matemáticas (Bridges)... y hemos acogido el congreso internacional de museos de matemáticas (MATRIX)", remarca Sergio.Si vienes solo es más que probable que encuentres personas con quien jugar. Siempre es mejor jugar acompañado. En poco rato veo una pareja de chicas bien concentrada jugando al Quién es Quién, pero en lugar de caras son fracciones, y tres niños construyendo con una serie de cojines un arco de medio punto, el arco más utilizado en la arquitectura romana y el arte románico.Antes de despedirme, Sergio me mira fijamente, como si tuviera que decirme algo importante. Yo le digo "gracias", pero ya veo que aún reclama mi atención. Me obsequia con otro titular: "Hay dos tipos de personas en el mundo: a los que les gustan las matemáticas y a los que aún no saben que les gustan". "Ostras, no sabría decirte a qué grupo pertenezco", le digo. "Quizás al segundo", resuelvo. "¡Es nuestro target!", me responde.120.000 VISITAS AL AÑOEl Museo de Matemáticas de Cataluña no es muy grande, pero propone un montón de actividades para disfrutar y "perder el miedo" a las matemáticas. Por eso muchos visitantes repiten: aunque vayas por trabajo no hay tiempo de hacer todos los retos en un día.Las piezas de los juegos o retos están hechas con materiales sencillos: cuerdas, telas, vidrio, plástico... y sobre todo madera. El museo recibe unas 95.000 visitas al año. Pero si sumamos la sede de Tarragona (ubicada en el antiguo convento de Santa Clara), unas 120.000 visitas. La lista de espera para hacer actividades es larga. Las mañanas de lunes a viernes el museo recibe grupos escolares y los miércoles por la tarde, domingos por la mañana y algún festivo, también por la mañana, abre al público general.

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