La gran sequía

La sequía no frena la extracción de agua embotellada en Cataluña

Las empresas del sector responden a las críticas ecologistas defendiendo que las fuentes subterráneas no sufren la falta de lluvias

GeronaCon la capacidad de los pantanos catalanes a mínimos históricos, las restricciones de consumo de agua potable se van endureciendo para toda la población. Con una excepción significativa: el sector del agua mineral natural embotellada, que, pese a la sequía, puede seguir extrayendo y envasando el mismo número de litros anuales que en una época de lluvias. Es así porque su agua no es de dominio público y no depende del estado de las cuencas internas, sino de las reservas de las fuentes subterráneas, propiedad exclusiva de la empresa que tiene su permiso de extracción. La Agencia Catalana del Agua (ACA) no tiene competencia y la regulación recae en la dirección general de Minas del ministerio, que aplica la ley de 1973 para dar concesiones a cien años vista.

En Cataluña, la gran mayoría de marcas de agua mineral natural se concentran en el Montseny y Les Guilleries, como Font Vella, del grupo Danone, o Viladrau, de Nestlé. Desde hace meses, esta zona sufre los efectos extremos de la sequía, con datos pluviométricos excepcionalmente bajos, fuentes secas y problemas para abastecer los depósitos de las masías, que deben subir camiones cisterna al macizo. Las entidades ecologistas establecen una relación de causa-efecto directa entre la falta de agua en el Montseny y la explotación de los acuíferos subterráneos a cargo de las embotelladoras. Denuncian, principalmente, que la ley de minas no ha sido revisada, es opaca y no permite saber públicamente la cantidad de litros que se extraen ni los resultados de los estudios de impacto ambiental. "Aunque las empresas y la administración se niegan a darnos los números, tenemos la impresión empírica de que este año se ha aumentado la extracción, porque hemos visto subir y bajar más camiones que nunca, mientras hay poblaciones que no les llega suficiente agua", denuncia Carles Lumeras, presidente de la Coordinadora para la Salvaguarda del Montseny. "Las embotelladoras utilizan un bien público para un beneficio privado que no repercute en el territorio, es un escándalo", añade.

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Lumeras reclama la "moratoria total de las nuevas extracciones en este punto de la geografía y la congelación de los caudales que se autorizaron hace muchos años a las explotaciones existentes". Y lamenta: "Solo se han realizado estudios hidrogeológicos pagados por la misma empresa interesada, nos toman por tontos". Como respuesta a la falta de transparencia, desde la coordinadora trabajan para llevar a cabo una evaluación científica independiente para extraer las conclusiones necesarias sobre "el estado real de los acuíferos para regular la situación", explica el presidente.

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"Explotación sostenible" del recurso

Ante estas críticas, las empresas de agua mineral del Montseny responden que cumplen con todas las normativas y que hacen una explotación sostenible del recurso. "La sequía no tiene ninguna repercusión inmediata en las fuentes subterráneas, porque el recorrido de filtración y recarga de los acuíferos es diferente al del agua superficial y no depende de las lluvias inmediatas", defiende Xavier Civit, presidente de la Asociación Catalana de Envasadores de Agua (ACEA). Y continúa: "No llegamos a los caudales máximos de explotación que marca la dirección de Mines y la sequía tampoco ha repercutido en mayor consumo de la población, porque el agua de boca del grifo está asegurada". La subdirección catalana de Minas corrobora que los episodios de sequía no tienen una incidencia significativa en el movimiento del agua del subsuelo y admite que se hace un seguimiento piezométrico de los acuíferos para comprobar su estado.

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Los datos del volumen de extracción de la fuente de cada empresa son privadas, pero la ACEA explica que, durante el 2022, el conjunto de las embotelladoras catalanas extrajeron 1.800 millones de litros anuales. "Esto solo representa el 0,03 de las reservas hídricas de agua subterránea de Catalunya y equivale al consumo de agua de los embalses de toda la población en un solo día", manifiesta Civit. Las empresas del sector resaltan que su agua solo se utiliza para beber y esto ocupa un porcentaje minúsculo en relación con todo el consumo medio por habitante del recurso. "No competimos ni nos movemos con los mismos caudales del agua del grifo, nada tiene que ver, ya que nuestra agua mineral natural solo es un complemento para la población que apuesta por beber un producto de calidad, que no ha sido tratado químicamente y va bien para la salud", concluye Civit.

La Garrotxa, otro foco de críticas

La marca Sant Aniol, que desde hace 30 años capta el agua de la fuente milenaria del valle de Llémena, en el parque natural de la Garrotxa, también ha sido objeto de críticas de los ecologistas. El pasado mes de mayo la firma anunció que tenía intención de expandirse a Oriente Medio y la Asociación de Naturalistas de Girona respondió con contundencia: "Es un contrasentido que se puedan sacar adelante planes expansionistas de empresas que comercializan un recurso público gracias a una ley franquista; una ley franquista basada en datos que no tenían en cuenta el cambio climático y sin mecanismo de revisión de licencias, mientras el resto debemos apretarnos el cinturón con restricciones", defiende Raül Domínguez, técnico de la plataforma naturalista gerundense. "Es necesario un estudio público que demuestre si los sistemas fluviales cercanos a la fuente de Sant Aniol se han secado solo por los efectos de la sequía o también por culpa del sistema de extracción de la empresa", argumenta. Y concluye: “Dejar de beber agua embotellada y apostar por la del grifo ayudaría a bajar la presión sobre los acuíferos y permitiría reducir enormemente la cantidad de envases que se generan”.

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La marca de agua, por su banda, responde que no han aumentado ni los caudales ni las perforaciones, ya que son los primeros interesados en hacer un buen uso de la fuente: "En la sierra de Sant Aniol de Finestres, el agua se filtra por la roca volcánica a lo largo de muchos años, por lo que la falta de lluvias actuales, si es que nos afecta, lo hará a muy largo plazo", explica un portavoz de la empresa. Sant Aniol asegura que ahora mismo están captando agua que tiene al menos decenas de años de antigüedad y garantizan reservas suficientes para soportar muchos episodios de sequía como la actual. En 2022 envasaron 52 millones de litros de agua y en 2023, por estrategia corporativa, no tienen previsto llegar a los 40. Sobre las exportaciones al extranjero, la empresa matiza que representan únicamente un 7% del negocio: "Nuestros clientes están básicamente en Catalunya, con la hostelería como canal prioritario, donde servimos en formato de vidrio retornable", sostiene el portavoz.