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Generalitat de Catalunya

El universo crece

La ventaja del cielo bien oscuro del Parque Astronómico del Montsec

Vista exterior del Planetario Ojo
03/08/2026 - 00:00 h.
4 min

Aunque pongamos cifras al universo, es muy difícil hacerse una idea de sus dimensiones. Contiene más de 100.000 millones de galaxias como la nuestra. Y en nuestra galaxia, la Vía Láctea, hay más de 100.000 millones de estrellas. La tierra tiene 4.500 millones de años. Si los primeros homínidos son de hace un millón de años, claro que los humanos llegamos al último instante. Estos son algunos de los numerosos megadatos que difunde el Parque Astronómico del Montsec que nos confirman lo que ya sabíamos: somos insignificantes. Y para acabarlo de redondear, el universo, que comenzó hace casi 14.000 millones de años con el Big Bang, se está expandiendo. Sí, se está observando que las galaxias más lejanas están cada vez más lejos. Me desplazo a uno de los lugares del país donde hay el cielo más oscuro –aunque, hay que decirlo, por las noches llega un poco de luz de Balaguer, de Lérida, de Zaragoza, del área metropolitana, etc.–: el Montsec. Voy al Parque Astronómico del Montsec, no al Observatorio del Montsec, situado a pocos kilómetros, pero a mucha más altitud, donde está el telescopio más grande de Cataluña, que lleva el nombre de Joan Oró, considerado uno de los fundadores de la cosmoquímica orgánica, disciplina que estudia el origen y la evolución de las moléculas orgánicas en el espacio. Oró fue muy popular en Cataluña en los años 80 y 90 del siglo XX. Lo digo sobre todo porque si vais es fácil poner la ubicación equivocada: Observatorio del Montsec. Hay que poner Parque Astronómico del Montsec. El Parque Astronómico del Montsec –por cierto, impulsado, entre otros, por Joan Oró– es el principal reclamo de Àger, junto con el parapente (vienen de todas partes del mundo a hacerlo). Antes lo era la Colegiata de Sant Pere d'Àger, situada en la cima del municipio, medio derruida –fue bombardeada durante la Guerra de los Segadores y durante la Primera Guerra Carlista, en 1835–, aunque se ha restaurado bastante. No dejéis de ir, sin embargo. Este parque astronómico es muy, muy didáctico. Ha querido homenajear a Maria Assumpció Català, astrónoma, la primera doctora en matemáticas por la Universidad de Barcelona, que impulsó decisivamente que España entrara en la Agencia Espacial Europea, bautizando con su nombre uno de los principales telescopios. Además, se han montado exposiciones permanentes. Las visitaré después, pienso. Así que llego está a punto de comenzar una proyección de un documental, en una gran cúpula de 12 metros de diámetro. Me pongo unas gafas de tres dimensiones que me ofrecen. Me sorprende –positivamente– que queda tan solo un asiento vacío. Alguien ha tenido un imprevisto, ya sea una fiebre, la muerte de un familiar... ¿O quizás cansancio? Es más probable esto que no que se hayan vendido todas las entradas menos una. Disfruto de verdad del documental Voyager, sobre las sondas automáticas Voyager I y II que exploraron en los años 70 y 80 los gigantes gaseosos: Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno. Un episodio especialmente apasionante es una tormenta eléctrica en Júpiter. Al acabar la proyección, sorpresa: ¡se abre la cúpula y vemos el cielo de verdad. Uno de los momentos estelares de la visita es la observación del firmamento. Podemos verlo cada día, si no hay nubes. Pero hacerlo acompañado de una multitud de gente que está interesada, y tener las explicaciones del guía, David Rabanal Nogués, es infinitamente mejor. David tiene un láser en la mano, que hace un haz de luz que llega a los 200 metros (para que nos hagamos una idea, una distancia un poco superior a la altura de la Sagrada Familia), y va señalando planetas, estrellas y algunas de las 88 constelaciones. "Ya sabéis que las estrellas casi no se mueven. Lo que se mueve es la tierra. A lo largo del año los astros van cambiando de sitio, porque nosotros nos movemos. Este es uno de los hechos que evidencian que la tierra es redonda", dice David. Y entonces hace ver que amenaza al grupo con el láser. "¡Espero que entre todos vosotros no haya ningún terraplanista!", dice con una sonrisa. De negacionistas de certezas científicas como un templo los hay infiltrados donde no lo dirías nunca. David nos regala un último comentario que dice mucho de la importancia que ha tenido la observación del cielo por la noche a lo largo de la historia. Los navegantes, en América del Norte, tenían miedo de ir más abajo de México y entrar en el hemisferio sur, porque, como se deja de ver la Estrella Polar, perdían el norte. Joan Oró, el científico de la vida Joan Oró empezó a preguntarse sobre el origen de la vida cuando era niño y adolescente, por las noches, cuando ayudaba a hacer el pan. En la NASA lideró investigación pionera sobre compuestos orgánicos complejos en condritas carbonáceas, e interpretó los resultados que las misiones Apolo y Viking hicieron en la Luna y en Marte, respectivamente. En otro ámbito, el político, fue diputado en el Parlament de Catalunya, por la extinta CiU. El Museu de l’Aigua de Lleida dedica una sala a Joan Oró. Allí se puede ver la mesa de despacho que el científico tuvo en sus domicilios de Lleida, Houston y Barcelona.

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