Se acaba la era Merkel y empieza una etapa de incertidumbre europea

Resulta interesante ver hasta qué punto Europa y el mundo lamentan hoy que se acabe el reinado de Angela Merkel. Su figura sin duda sobrepasa su cargo de canciller alemana y se ha acabado convirtiendo en uno de los pocos pilares que tenía Europa y el mundo occidental para hacer frente a las crisis y las demagogias populistas en auge los últimos años. Ha estado dieciséis años en el poder y ha lidiado con afabilidad, rigor y contundencia con los grandes líderes mundiales, desde Donald Trump hasta Vladímir Putin, que han intentado sin éxito menospreciarla y la han convertido, de rebote, en un modelo de liderazgo no agresivo.

Su carácter conciliador, pactista y reflexivo –vale la pena recordar que tiene formación científica– ha dado estabilidad a su país y a Europa, pero también ha impedido que hubiera una respuesta contundente ante las actuaciones antidemocráticas de líderes como Viktor Orbán, Recep Tayyip Erdogan, Xi Jinping o el mismo Putin. Por la paz social, o por los intereses de las empresas alemanas en el mundo, su objetivo ha tendido más a contemporizar que no a buscarse problemas.

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Curiosamente, a pesar de ser una política conservadora, líder in pectore de los populares europeos y, por lo tanto, la principal responsable de las políticas conservadoras, liberales y defensoras de la máxima austeridad en el gasto público, Merkel no ha sido vista como una nueva Margaret Thatcher, la líder neoliberal británica que arrasó con una buena parte del estado del bienestar europeo, sino como una política pragmática y realista. Quizás porque durante buena parte de estos años ha tenido que compartir gobierno con los socialdemócratas, ha tenido un perfil más conciliador en los aspectos sociales y ha tenido que aceptar, incluso por encima de su partido, políticas más progresistas en terrenos como el matrimonio homosexual y la reducción de la energía nuclear.

Merkel ha sido la líder que ha guiado a Europa, para bien y para mal, en un laberinto de crisis –desde la del euro hasta la pandémica, pasando por la de los migrantes– que no han dejado de sucederse. Pero ahora le llega la hora de la retirada. No será inmediata, pero los resultados de las elecciones al Bundestag de hoy pueden marcar el inicio de una nueva época en que su legado se puede poner en cuestión. No hay nada claro porque sin su liderazgo la CDU-CSU podría perder la cancillería, dado que su sucesor, Armin Laschet, pinchó en las encuestas. De momento le supera el socialdemócrata Olaf Scholz y la candidata de los Verdes, Annalena Baerbock, tiene también buenas perspectivas. Será un gobierno de alianzas, pero según cuáles sean marcarán cómo se gestionarán las próximas crisis que seguro que tendremos que recoger todos juntos. Vienen tiempos inciertos y la incógnita ahora es si, tal y como parece, realmente añoraremos a Merkel.