La agonía de Sánchez

1. El caso Maricarmen ha provocado la irrupción en escena de la cuestión de la vivienda, y ha generado un impacto en la opinión que ha puesto en evidencia los abusos y las limitaciones del mercado. Y ahora se podría dar la paradójica situación de que fuera la derecha –cooperadora activa de los que especulan con este derecho fundamental– la que lo capitalizara. Sánchez se ha encontrado de cara a la pared precisamente cuando estalla un tema al cual la izquierda debería ser más sensible que la derecha, y el gobierno no ha estado suficientemente atento a lo que debería haber sido prioridad de su mandato.

Por buen actor que se sea, o por mucho oficio que se tenga, no es fácil disimular. El Pedro Sánchez que anunció el adelanto de las elecciones no era el de los grandes impulsos. El poder desgasta y había un punto de rigidez en su puesta en escena. Un golpe de efecto deja de serlo cuando el autor lo anticipa tomándose unos días para madurar la decisión. El sentido de la oportunidad significa anticipar lo que no se esperan los otros. Y no era el caso. Ninguna de las dos opciones que podía tomar, seguir hasta el final de mandato o ir a las elecciones, tenía el morbo de la sorpresa. Y ha optado por dar un paso que tiene un regusto de melancolía por cuando marcaba la iniciativa con hechos inesperados.

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2. Después de que la derecha rechazara los decretos sobre vivienda –convertido por todos ellos en el tema del momento–, al presidente no le quedaba margen y lo más razonable es lo que ha hecho: no alargar la agonía. Las posibilidades de éxito son limitadas, pero hacerlo durar quién sabe si habría llevado a los socialistas a buscar un candidato alternativo y pasar página. No ha querido arriesgar que el destino se lo marcaran los otros. Y ha dado el paso: más vale jugársela antes de que te echen de la partida.

El estado de opinión que transmiten las encuestas hace difícil imaginar que el presidente Sánchez salga adelante. Pero es cierto que hay algunos elementos que le dan vida. El primero, evidentemente, es la imagen sin atributos precisos, con el rictus triste de siempre, del candidato del PP. Uno de los grandes misterios de la política española: ¿qué padrinos tiene para que su partido haya vivido con este lastre tanto tiempo? El segundo factor es que solo hay una opción para la alternancia: una mayoría PP-Vox, con un porcentaje de voto para los neofascistas que hasta cierto punto es una incógnita porque a menudo los partidos ultras obtienen mejores resultados que los pronosticados. En todo caso, España, que hasta ahora había mantenido a la extrema derecha a cierta distancia, entraría directamente en la vía del autoritarismo postdemocrático que amenaza a la Unión Europea.

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3. Ahora mismo asistimos a un ejemplo dramático del desconcierto europeo: el fracaso en Francia del presidente Macron, que llegó como la encarnación de una derecha culta y cosmopolita que debía revolucionar Europa, y que acaba el mandato con el rabo entre las piernas, dejando como herencia la vía libre a Marine Le Pen o, en caso de que la justicia lo impida, a Jordan Bardella para que ocupe la presidencia de la República Francesa.

Aquí el hecho es que Sánchez se ha ido desdibujando en su último mandato. Y parece que ha preferido jugársela con los ciudadanos, confiando aún en la capacidad de reacción popular que se está expresando estos días, frente a la insensibilidad del PP y la derecha en general ante temas como el de la vivienda. Lo que no está claro es que se produzca lo que esta hipótesis requeriría: una movilización ciudadana, que, a pesar del ruido de la calle, ahora no es evidente, con la derecha capitalizando descaradamente el malestar a través del discurso que presenta la inmigración como amenaza.

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4. En cualquier caso, las próximas semanas veremos hasta dónde llegan las señales de indignación contra la discriminación social y los abusos de determinados poderes que se vislumbran estos días. Y veremos también si el país toma conciencia de que las derechas se están acomodando sin escrúpulo alguno a la ola reaccionaria que no hay duda de que llevará a los neofascistas al poder.

Dicho de otra manera, para que Sánchez saliera adelante haría falta que la movilización ciudadana creciera, que el PSOE la capitalizara como mal menor, y que los grupos de izquierda ganaran madurez en lugar de perderse en la psicopatología de las pequeñas diferencias. Y al mismo tiempo, que recuperaran la palabra los partidos democráticos conservadores, que parecen absorbidos por el neofascismo o perdidos en sus manías, como les pasa a Junts, colgados de Puigdemont y de la melancolía.