El análisis de Antoni Bassas: 'El déficit más grande de Catalunya'

¿El déficit más grande que tiene Catalunya? No es el déficit fiscal, ni el de inversiones, sino el de autoestima

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Mañana es la Diada, y si el Once de Septiembre siempre es un motivo para practicar este deporte nacional que es preguntarnos dónde estamos y hacia dónde vamos, la diada nacional cae este año justa cuando el gobierno español acaba de suspender la inversión de 1.700 millones de euros en el aeropuerto de El Prat y la pregunta de hacia dónde vamos se hace más pertinente y angustiante.

En este episodio no nos hemos gustado. No ha salido bien. Ya expliqué ayer que las culpas me parece que están muy repartidas, pero el resultado final es el que es: Catalunya se queda de momento sin una inversión estratégica. Y no es solo que el empresariado ponga el grito en el cielo (ayer, Josep Sánchez Llibre, presidente de Foment, dijo que la Generalitat había sido negligente y frívola), sino que también políticos y economistas, incluidos independentistas como Joan Canadell, Ramon Tremosa o Germà Bel, creen que es una mala noticia. En la contraportada de hoy, Xavier Bosch hace el debate existencial este que les decía. En el artículo “De la independencia a la irrelevancia” dice: "Se nos han presentado la economía y la ecología como incompatibles, en lugar de intentar buscar una solución inteligente. Que, aquí y allá, los dirigentes políticos son tan miedosos que no saben en qué lado se tienen que poner de la pancarta. La coalición de gobierno de España –PSOE, Podemos– compite con la de Sant Jaume –ERC, Junts– para ver quién da más muestras de desconfianza interna. Y así vamos. Bienvenidos en el país del No a todo. En la Generalitat se han sucedido unos gobiernos que han preferido no hacer que decidir, apostar y ser criticados, ya sea por falta de un objetivo claro o por la cobardía populista del qué dirán los míos. Qué lástima. Tenemos un país sensacional pero, a base de perder poder, de regalar oportunidades y de marcarnos goles en propia puerta, lo estamos condenando a la irrelevancia".

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Yo no sé si lo estamos condenando a la irrelevancia. Sí que parece que los diez años de Procés, con el capítulo final del 1 de Octubre, la DUI, el exilio y la cárcel y el juicio, nos han dejado tocados y aturdidos. Y a los partidos políticos independentistas los han dejado encerrados en sus propios espacios lanzándose zarpazos los unos a los otros. Y esto es fatal siempre, pero lo es más en un mundo cada vez más complicado, en permanente estado de emergencia, en que hay que decidir rápidamente y, por lo tanto, hacen falta ideas claras y liderazgo. Y esto es lo que nos falta. Porque cuando estás aturdido, no tienes las ideas claras, y si te encierras en tu mundo, no puedes tomar decisiones trascendentes.

Que quede claro que la preservación de un espacio natural ante la ampliación de un aeropuerto no me parece una cuestión menor. Hoy mismo explicamos que una de cada diez playas catalanas puede haber desaparecido dentro de 15 años, según un estudio encargado por la Generalitat. Quiero decir que una ampliación de un aeropuerto que toca un espacio protegido tiene un problema. Y es aquí que la solución de Aena, empresa que cotiza en bolsa y quiere ganar dinero y va derecha al asunto, no encaja con el contexto ambiental en el que vivimos. Pero dotar Catalunya de una puerta de entrada en el mundo digna de la potencia de Barcelona también es necesario. Y aquí es donde hace falta liderazgo para trabajar incansablemente por lo más parecido a cuadrar el círculo entre obras y sostenibilidad sabiendo ya de entrada que en este mundo complejo las soluciones perfectas no existen, tendrás manifestaciones en contra y perderás algún voto.

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Miren, ¿el déficit más grande que tiene Catalunya? No es el déficit fiscal, ni el de inversiones, sino el de autoestima. Por la historia primero, y por la realidad política después: un estado propio es, entre otras cosas, una máquina de crear autoestima. Cuando tienes un estado propio, tus símbolos, tu lengua, tu relato nacional, se transforma en normal y al mundo gustarás más o menos pero la convención diplomática es que nadie te discutirá tu 4 de julio, tu 14 de julio o tu 11 de septiembre.

La autoestima pide quejarse menos, identificar en qué eres fuerte y hacer muy bien lo que sabes hacer. Y aprender de los que nos saben. Y, de vez en cuando, mirarte al espejo y decirte que no estás tan mal. ¿Cómo puede estar mal un país con la densidad artística, literaria, económica, emprendedora, científica o deportiva como Catalunya? Este país ha dado muchos genios que han encontrado su lugar en el mundo. O sea que estos también somos nosotros, no una pandilla de incompetentes que no saben qué hacer con su presente y su futuro. Lo que tenemos que hacer está claro: conseguir que este sea un país de tan buenas oportunidades que no haya catalanes que tengan que irse forzosamente a buscar unas condiciones de vida mejores. Y esto pide, como diría Raimon, poner la cara al vent.

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Bona Diada, especialmente para todos los expats que nos veis desde el extranjero.