La AP-7, problema de estado

La autopista AP-7 es, a estas alturas, un problema de dimensión y prioridad de estado. Podemos medir la impresión de congestión y falta de funcionalidad a través de una medida objetiva como es el número de accidentes. Más allá de la percepción del conductor, esta es una realidad constatable. En los últimos cinco años, los accidentes se han multiplicado por más de 2,6 en conjunto y por más de 3,3 en la provincia de Tarragona. Se trata de un récord máximo a escala española. Seguimos en una vieja tónica que produce que, en Cataluña, las carreteras que dependen del ministerio no alivien su accidentalidad sino que la aumenten, en disonancia con el resto de las vías ministeriales. Se podría alegar que los catalanes no conducen bien y que es catalán todo aquel que conduce y atraviesa Cataluña, pero si descartamos este argumento hay que ir a otras explicaciones.Solo la densidad de camiones explica la incidencia de los accidentes. De ahora en adelante, tiempo tendremos para presentar las cifras. La AP-7 no alcanza los máximos de la intensidad media diaria (IMD) de tráfico de otras vías españolas, por ejemplo muchas de Madrid, donde el ministerio posee abundantemente, pero este dato aislado no explica la realidad, hay que sumar los camiones (allí más ausentes).Si el ministerio llama Corredor Mediterráneo a una mitad de la Península que como mínimo son dos terceras partes de su población contra un Corredor Atlántico que es el resto, y que ambos contienen Madrid, entonces debemos constatar que esta mitad de Península desemboca en un único cuello de botella, que es la AP-7 de Tarragona hacia arriba, y que aquí se suma toda la fachada mediterránea con el eje histórico hacia el centro peninsular (Lérida-Zaragoza-Madrid y el sur). En los mapas oficiales del Corredor Mediterráneo, la red es muy diversa y se planea ferroviaria de sobra por el interior peninsular, suma y complemento de las autovías propias, pero todo va a parar a Tarragona. Y desde aquí sumamos el sistema catalán, que es mucho más que la región de Barcelona, porque alrededor de las otras tres capitales provinciales hay volumen, continuidad y sistema conjunto, pasando por el Vallés, que es, en temas industriales, aquello que Cataluña es en España.Toda política futura creíble debe hablar de reducir los accidentes. Cualquier otro anuncio no es aceptable. Este debe ser el objetivo, diseñado para un periodo de pocos años y evaluable paso a paso. No valen los ejercicios de hipótesis de trabajo y posibles medidas correctoras que no contengan esta premisa. Hay que bajar este precio de sangre. Y, de ahora en adelante, habrá que recordarlo en cada nuevo dato de accidentes. Provincia por provincia, Barcelona respecto a Madrid más que duplica el número de accidentes por kilómetro de vía ministerial.

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En los datos disponibles, la sección de acceso a Cataluña por el sur, de Amposta a Salou, en una década (2013-2024) ha multiplicado casi por cuatro (3,65) el número de camiones en un crecimiento mucho más rápido que los vehículos ligeros (1,94). Los camiones han alcanzado un crecimiento sostenido anual del 12,68%, el doble que los ligeros, una cifra impactante que lleva a casi un camión por cada dos coches, con el pronóstico de que en 8 años casi empataremos. Resulta que los accidentes en las áreas densas, tanto en Madrid como en Barcelona, disminuyen la proporción del número de muertos. Chocamos más, pero nos matamos menos. En la España vacía, la gente se mata porque corre demasiado en vías vacías. Ahora bien, aquí, debido a nuestro elevado techo de accidentes, también acabamos teniendo demasiados muertos.Toda esta mitad de Península volcada al prelitoral catalán, o AP-7, solo se resolverá con una nueva vía férrea específica para mercancías. Todo lo demás es humo. El actual Corredor Mediterráneo es una ficción sin datos que entorpece las Cercanías, los Regionales y la alta velocidad de Cataluña. Sin plan de negocio que evalúe el volumen de camiones que tenemos que sacar, les diremos que deberían ser unos diez mil diarios a lo largo de la AP-7.

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En España, los camiones son un problema en la AP-7, de Valencia a Gerona, en la A-2 en Lérida y Barcelona y, más puntualmente, en la A-4 en Madrid. Pero el máximo de los accidentes están en la AP-7 y la A-2 en Barcelona y en la M-40 en Madrid. La singularidad catalana sobresale destacadamente. Si esta es la escala provincial, en el Vallés la AP-7 bate récords, porque triplica la media catalana de esta vía.El país ha de poder dar un salto adelante como lo fue la construcción de la AP-7. Hoy Cataluña no sería lo que es sin la amplitud del proyecto de esta autopista de hace más de medio siglo. El déficit histórico acumulado de inversión por parte del Estado paga sobradamente una nueva vía férrea, específica para mercancías, a lo largo del prelitoral, vía que hemos propuesto como un carril más del AVE, que pasaría de uno a dos por banda, especializados, pero interoperativos.Solo un análisis en términos de cómputo de accidentes y de camiones nos aclara dónde estamos, objetiva la realidad, fija posición, crea consenso de país y nos permite dibujar alternativas. Y las consecuencias que se derivarían de ello en la gestión deben ser de modelo a la vasca: cesión de las vías del ministerio a Cataluña, gestión de proximidad y tarifación de paso. De ninguna otra forma se podrá frenar el peaje de accidentes.