En política las grandes sentencias a menudo duran poco. Hace once meses, Feijóo se comprometió a no pactar con Abascal. Generalmente, lo que marca la diferencia en el liderazgo es saber vestir y dar coherencia a las propias opciones estratégicas, que es lo que da una cierta credibilidad. Es cierto que son tiempos diferentes, pero el liderazgo de Aznar en el PP representó el paso de la derecha de la dictadura a la democracia con una cierta consistencia. Y, de hecho, es de aquel momento expansivo del cual el PP, en parte, aún vive. Rajoy se apuntó al continuismo. Y Feijóo, que siempre ha ido corto de ideas, ahora se ve más cerca del poder, y cada vez tiene más miedo de no sumar por sí solo. Más allá del bloque conservador español, las derechas de las naciones periféricas son muy diferentes de los tiempos de Arzalluz y Pujol, quizás más ideológicas pero mucho más prácticas.
A consecuencia de todo ello, imbuido probablemente por la ampulosa confusión generada por el trumpismo, Feijóo ha emprendido el proceso de legitimación de la extrema derecha. “Nos sentaremos a medida que se acerque el final de legislatura”. Cuando empezó a creer que tenía posibilidades de gobernar, visto el desinflamiento del PSOE, Feijóo hablaba de un gobierno en solitario. “El discurso de la ultraderecha está siendo derrotado en las urnas; la que da miedo es la izquierda”, decía hace un año. Y de repente ha cambiado de registro y de estrategia: “Vox es el tercer partido de España”. Desde esta constatación ha ido abriendo puertas a la extrema derecha en los gobiernos autonómicos. Y el último paso, la predisposición a incorporar Vox a la mayoría del PP andaluz de Moreno Bonilla, el moderado de la derecha, ya sube el nivel del despropósito. De modo que con constancia y poco ruido Feijóo ha normalizado su relación con el neofascismo, al alza en toda Europa. Y, naturalmente, ya tiene a Abascal a la puerta de casa.
Detrás de todo ello resuena un sermón de Pete Hegseth, secretario de Guerra de los Estados Unidos: “En lugar de tanques y defensas aéreas, el énfasis se ha puesto en la igualdad de género, el cambio climático y la austeridad en defensa [...]. Y la fe de Europa en sí misma y en su civilización ha quedado por el suelo”. Una advertencia de corrección de las derechas europeas que hace que Feijóo parezca decidido a integrarse en la ola de autoritarismo postdemocrático que recorre Europa y que habita los EUA de Trump. Es la lógica de poder que amenaza a las democracias europeas en el paso hacia el capitalismo digital y financiero.