Aragonès constata la división estratégica del independentismo en las reuniones para rehacer la unidad

La CUP pide un "cambio de rumbo" al ejecutivo y le avisa de que no es su socio estable

BarcelonaEl presidente de la Generalitat, Pere Aragonès, sale de la ronda de contactos con el independentismo constatando lo que ya sabía antes de empezar: ningún partido lo acompañará en la mesa de diálogo y la unidad estratrégica es un espejismo. Junts y la CUP no solo no compran la vía de la negociación, sino que ya piden que se levante la alternativa que se pactó por la investidura, que sobre el papel se denomina embate democrático, pero en la práctica los cupaires la bautizan como un nuevo referéndum y Junts la denomina choque con el Estado. Las cinco reuniones han servido al presidente para ver cómo Elisenda Paluzie (ANC) le reprochaba que no tuviera ningún plan para la independencia, Albert Batet (Junts) criticaba que la mesa de diálogo era un "fracaso" y Dolors Sabater (CUP) abonaba todas las tesis anteriores y le avisaba de que los cupaires son su oposición, no su socio. La misma consellera de Presidencia, Laura Vilagrà, ha aceptado que en los encuentros se ha constatado este "principio de realidad".

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Este miércoles Aragonès ha cerrado la ronda de reuniones con las diputadas de la CUP Eulàlia Reguant y Dolors Sabater. Lo ha hecho después de que lo plantaran la semana pasada por la detención de cuatro activistas del derecho a la vivienda. La CUP tenía que ser la primera, pero ha acabado siendo la última. Y las posiciones siguen enquistadas en la distancia: la CUP quiere una nueva fecha para un referéndum y el Govern pide paciencia. Los cupaires han mostrado síntomas de que su paciencia se está acabando y en un tono contundente han instado a Aragonès a aplicar "un cambio de rumbo": "Referéndum y derechos sociales, el único camino en el cual nos encontrarán", ha dicho Sabater.

El matrimonio entre los cupaires y el ejecutivo se entiende por dos variables: la de país y la sectorial. Y a pesar de que la reunión estaba programada para hablar de la primera, se ha evidenciado que sobre todo han tratado la segunda. Mientras la CUP cree que ha habido un divorcio –"no nos consideramos socios desde el momento en que no hemos votado el presupuesto", ha dicho Sabater– la Generalitat los considera "la principal fuerza" con quien trabajar, en palabras de Laura Vilagrà. El encuentro, pues, ha sido más un termómetro del estado del acuerdo de investidura que una reunión para hablar del Procés.

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Sabater ha criticado que el Govern no ha cumplido sus compromisos y lo ha acusado de ser una "sociovergència republicana". Vilagrà lo ha querido rebatir: "Hay concreciones", ha dicho, para después repasar una serie de medidas, como el cambio de criterio en las acusaciones particulares contra manifestantes o la prueba piloto de la renta básica universal. Con todo, los cupaires mantienen que el acuerdo es vigente "porque el presidente es presidente" gracias a aquellos compromisos, "y los tiene que cumplir". Existe la duda de qué pasará con la cuestión de confianza, un elemento que ambas partes aseguran que no han tratado. Las posiciones, no obstante, están claras: la CUP la quiere mantener y el presidente aparcarla.

El referéndum

Mientras Vilagrà ratificaba que la apuesta del Govern es la del diálogo –instando a la Moncloa a no "dilatar la fecha"–, Sabater respondía que el ejecutivo está siguiendo una estrategia "de estancamiento sine die" y defendía un referéndum. Los cupaires coinciden con Junts al decir que el rédito de la mesa se ha acabado, pero este miércoles Vilagrà ha avisado de que la CUP dio "un margen" de dos años. Sea como fuere, después de las cinco reuniones, el único nexo común que puede sacar Aragonès es que hay consenso con Junts a la hora de crear una dirección estratégica del Procés –que ya se pactó a la investidura y no se ha acabado de ejecutar– y aquí también podrían encontrar a los cupaires. De hecho, en el Parlament, el líder de Junts Albert Batet ha urgido este miércoles a Aragonès a crear esta dirección. El president, sin embargo, ha respondido una cosa muy diferente: ha dicho que "el independentismo tiene que hablar más del país y menos de sí mismo", defendiendo volver "a los grandes consensos", una temática que ha avanzado que tratará en su conferencia del 14 de febrero. De momento, el president no ha aplicado estos "grandes consensos" y se ha reunido solo con independentistas.

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Reuniones con ERC, Junts, la CUP, Òmnium y la ANC que según constatan fuentes gubernamentales han tenido un ambiente enrarecido por el caso Juvillà. De hecho, los días que han pasado entre el plantón de la CUP a Aragonès y la reunión que se ha acabado haciendo han ampliado aun más las diferencias. Este miércoles Vilagrà ha asegurado que el presidente no recibió ningún documento de Laura Borràs y que la propuesta definitiva de la presidenta del Parlament a los grupos es, en todo caso, "un párrafo de buenas intenciones". Con todo, y así lo constata más de una voz gubernamental, el caso Juvillà ha evidenciado que si la unidad estratégica no existe para hacer frente a una inhabilitación, todavía queda mucho trabajo por hacer para que aguante un nuevo Procés, ya sea de ruptura o de negociación.