Luis Argüello, presidente de la Conferencia Episcopal Española, el 12 de mayo en un desayuno informativo.
10/07/2026
Periodista
2 min

El Papa va a España, pide desarmar el lenguaje, le aplauden de derechas e izquierdas (con un furor que da un poco de vergüenza, por hipócrita) y, un mes después, lo único que se le ocurre al presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, es afirmar que, "cuando un estado olvida la ética, se convierte en una banda de ladrones". "Y a las pruebas me remito", añade. Obviamente, se refería al gobierno y a los colaboradores de Pedro Sánchez, entre los cuales ya hay quienes están en prisión por ladrones.

No es que falte finezza, sino que la inmensa mayoría del episcopado español es como el escorpión del chiste, que no puede evitarlo. Juegan en el equipo del PP y Vox (hace un año ya pidió elecciones anticipadas), y, ya se sabe, quien pueda hacer algo, que lo haga.

Sí, la cita de san Agustín sobre los olvidos éticos del estado les venía como anillo al dedo, pero no la usaron cuando el jefe del estado no declaraba donaciones millonarias. Y también podríamos preguntarnos en qué tipo de banda se convierte un estado cuando su policía fabrica pruebas falsas contra políticos, o cuando los servicios secretos espían a adversarios políticos del gobierno, o cuando los jueces se niegan a aplicar las leyes que ha aprobado el Parlamento. Porque la corrupción económica no es la única, y al estado español se le ha distraído la moral en todas las direcciones.

Menos mal que se trataba de desarmar el lenguaje y no de regalar pistolas, como ha hecho el presidente de Turquía en la reciente cumbre de la OTAN. Me imagino a León XIV leyendo, en el resumen de prensa, la noticia de la bronca entre el arzobispo Argüello y el ministro Bolaños ("¿Y si definiéramos la Iglesia como una banda de agresores sexuales?") y pensando: “¿Escucharon algo de lo que dije?”

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