Aténgase a las consecuencias

Los ICE (este cuerpo policial que el trumpismo ha convertido en unos escuadrones de la muerte, con carta blanca para matar y secuestrar a civiles prácticamente sin explicaciones) tienen como comandante a un personaje llamado Greg Bovino, un idiota al que le gusta ir disfrazado de nazi (se pasea con un abrigo que imita a los que solían llevar los oficiales Boss, y con el pelo cortado al estilo militar). Empezando por su apellido, tan tentador, Bovino podría ser una especie de autocaricatura involuntaria, un personaje histriónico que, más que un fascista, parece la caricatura de un fascista: físicamente, incluso, se parece a Lockjaw, el personaje de Sean Penn en One battle after another. Pero Bovino es peligroso, hasta el punto de convertirse en la cara pública de uno de los aspectos más perturbadores del trumpismo: su pulsión guerracivilista.

Este fin de semana hemos visto cómo agentes del ICE ejecutaban en plena calle a otro ciudadano, Alex Pretti, un enfermero. Ya vimos el asesinato a sangre fría de Renee Nicole Good, quien el trumpismo intentó justificar difamando a esa mujer de 37 años, poeta y madre de tres hijos, como supuesta terrorista. La muerte de Alex Pretti (registrada también en varias grabaciones, en las que se ve con toda claridad la ejecución de un hombre indefenso) añade aún más tensión a la ciudad de Minneapolis, literalmente ocupada por asesinos a sueldo del gobierno federal. Es un asedio contra las ciudades y los estados que el trumpismo considera desafectos o enemigos: después de la muerte de Renee Good, el alcalde de Minneapolis, el demócrata Jacob Frey, se dirigió a los ICE con palabras duras ("Get the fuck out", "id a la mierda", les dijo). El asesinato de Pretti debe entenderse como la respuesta de los ICE al alcalde Frey.

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En unas declaraciones, Bovino ha terminado de hacer explícitas las motivaciones y el modus operandi inequívocamente fascistas de los policías que él manda. Dijo literalmente que Alex Pretti murió porque "escogió escuchar a políticos y autollamados periodistas que envilecen la aplicación de la ley", tras la muerte de Renee Good. Y después, por si quedaba ninguna duda, ha añadido que "lo que elegimos tiene consecuencias". Sus elecciones, ciudadanos, tienen consecuencias. Y según los periodistas que elijan escuchar y los políticos a los que decide apoyar, pueden acabar muertos en medio de la calle.

Es la disyuntiva clásica del totalitarismo: o está a mi lado o sois enemigos de la patria, y por tanto merece que el Estado utilice su fuerza contra vosotros. Merece morir. Si no hace lo que se espera de usted, aténgase a las consecuencias. El funcionario (un policía lo es) pierde la condición democrática de servidor público y adquiere la de agente represor al servicio de la orden. Es la fuerza bruta de un nuevo fascismo que comienza a mostrarse sin caretas. No hace falta dudar ni un momento de que si el trumpismo hace esto en EEUU, y lo consigue, sus admiradores e imitadores querrán replicarlo en España tan pronto como tengan la ocasión.