El Informe Fénix, en el que participé, ha merecido la atención de los medios y de muchos analistas, pero nulo interés, de momento, por parte de los responsables de la política económica del país. Huelga decir que, entre los que han mostrado interés, el acuerdo sobre el diagnóstico es muy grande. El pronóstico, sin embargo, nadie se lo hace completamente suyo. Pienso que esto se debe, en parte, a algunas malas interpretaciones, más o menos voluntarias.
Tal como hemos reiterado los autores, el Informe no es una crítica antiturismo (¡mejor tener turismo que no tenerlo!), ni contra la inmigración (siempre se habla de sectores subvencionados, nunca de personas), ni contra la baja productividad del trabajo (se reconoce que depende también del capital y las infraestructuras). Tampoco se dice que el bienestar de los catalanes haya bajado en términos absolutos (las comparaciones son siempre relativas: países de nuestro entorno, media española, respecto del crecimiento pasado...), y el análisis está hecho por ramas de actividad (identificando la heterogeneidad del turismo como sector de ocupación). No se cuestiona que haya sectores ayudados por las políticas públicas (más bien se cuestiona la lógica que hay detrás de ciertas subvenciones fiscales y laborales). No se afirma en ningún momento que se deba filtrar en origen la inmigración que aspira a encontrar un futuro en nuestro país (se trata de que se conozcan las condiciones de acogida para preservar el bienestar conjunto, más allá de los salarios y beneficios particulares). Y tampoco pretende presentar, en setenta páginas, una guía de actuación estratégica de apuesta de futuro global para la economía catalana (no otro plan industrial ni un plan PRODI casero, ni una propuesta de "posibles" si Cataluña cierra su déficit fiscal con el Estado).
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Muchos de estos errores de lectura contra elInforme los encuentro en la nota que ha hecho la Federación Intercomarcal de Hostelería, Restauración y Turismo. Sorprende favorablemente el tono positivo en el diagnóstico. Esto habla bien de esta federación, que no se mueve por prejuicios de grupos de presión groseros. Pero cuestiona el pronóstico y nos hace decir cosas que nosotros no decimos. No confundimos causa y efecto. La causa es, efectivamente, el modelo de crecimiento seguido; no la inmigración (que es el efecto, y del cual estamos bastante preocupados por intentar garantizar el bienestar de todos juntos). No hablamos de salarios subvencionados de trabajadores; sino de salarios medios por ramas de actividad. No es una cuestión de justicia redistributiva postmercado, sino de condiciones de trabajo y retributivas premercado. No se ignora el efecto multiplicador; más bien al contrario: se incorpora la idea de que todo gasto privado o social debe considerar cómo se financia y cómo esta consideración resta bienestar. Y recordemos que no se puede considerar el gasto de manera aislada como si los ingresos por el gasto social cayeran del cielo. Ya hemos dicho que sabemos que lo turístico no es un sector homogéneo. Basta con mirar el gráfico adjunto de diferencias salariales reconocibles.
es discuta, que se puedan aclarar los malentendidos y que entre todos se busque el entendimiento para mejorar las políticas económicas. Lo peor que le podría pasar alEstá claro que debemos agradecer que el Informe Fénix se discuta, que se puedan aclarar los malentendidos y que entre todos se busque el ajuste para mejorar las políticas económicas. Lo peor que le podría pasar al Informe es que, después de la llamarada inicial, se dejara en un cajón, mientras el estado de cosas que lo justifica se mantiene. Trabajemos el care and cure, que dicen los ingleses. Pero no ignoremos que el enfermo cada vez puede estar más grave.