El café de Carmen
Leo en el AHORA la historia de Carmen, que, de viaje a Canarias, sufrió una infección "que le provocó una necrosis en los tejidos de la cara y la inhabilitó por completo". No podía hablar, ni comer o beber. Después de pasar por tres UCI sin solución, el doctor Joan-Pere Barret, jefe del Servicio de Cirugía Plástica y Quemados del Hospital Vall d'Hebron, le propuso "hacer un trasplante de cara", que es una intervención difícil y al atardecer de la ciencia. "Ahora salir a la calle no me importa, vuelvo a comer, puedo tomar café. Vuelvo a hacer vida normal", ha dicho.
Esta frase me ha conmovido por la tremenda sencillez. Carmen ya no tiene miedo o vergüenza de salir a la calle y ser observada de reojo. Vuelve a disfrutar de lo maravilloso, nunca bastante valorado, anonimato. Ya vuelve a "no ser nadie". Una mujer con signos del tiempo en la cara (no los suyos) que hace las cosas que hacemos todos cuando estamos en la calle. Y, entre todas, destaca "tomar café". Qué sencillez y qué magnificencia destacar, entre todo lo que se puede comer o beber, el café. Esa bebida que puede ser el comienzo, si desayunamos, o el final, si comemos. La que sirve para decir "Quiero ir a hablar" y la que sirve para decir "Parémonos un momento". A mi madre, que nunca había salido de casa, ir a tomar "un café de bar" le parecía la máxima expresión del lujo, de sentirse "regalada". ¿Por qué nos gusta? Me cuesta decir. Pero Carmen me ha hecho pensar en estas cosas del día a día que tendemos a no valorar (y perdona, que sin querer casi cito Momentos, de Julio Iglesias). Volver a tomar café. Es como volver a oler después de haber perdido el olfato por la cóvido. Quisiera invitar a Carmen a un café y escucharla mucho rato.