BarcelonaEl Barça está siguiendo al dedillo el manual de remontada que dicta que lo primero es creer que es posible -desde que se terminó el partido en el Metropolitano no se dio la eliminatoria por perdida- y lo segundo llegar con la máxima estrella, Lamine Yamal, en plena forma y con los ánimos por las nubes después de marcar su primer triplete y reconocer que ha dejado atrás la melancolía y disfruta de nuevo jugando al fútbol. Si encima se añade como tercer paso la recuperación de Pedri, un jugador capital para el equipo, plantarse en la final de la Copa del Rey es difícil, pero no es imposible. Total, como afirmó Flick, se trata de marcar dos goles en el primer tiempo y otros dos en el segundo. Pim, pam.
En cualquier manual de remontada se da por sentado también que el ambiente en el estadio debe acompañar para que la épica se produzca, que una especie de delirio colectivo se tiene que apoderar de la grada y contagiar al equipo en los momentos complicados, cuando las piernas pesen o el rival intente sacar la cabeza. Al Camp Nou sólo podrán asistir 44.000 espectadores y no los 62.000 que el club prometió. La culpa, claro, es del Ayuntamiento, nunca suya. Y lo más curioso de todo es que cuela o, al menos, no da la sensación de que les perjudique. Joan Laporta remueve unos macarrones, se sube a un toro mecánico, hace butifarras en la grada y Rafa Yuste habla de amor y armonía y venga, todos contentos.
La ausencia de crítica por los reiterados incumplimientos de los plazos del estadio contrasta con la ferocidad con la que es atacado en las redes sociales cualquiera que ose decir en voz alta que algo no se ha hecho bien. Los laportistas están perfectamente sincronizados, actúan en manada y se ensañan -la mayoría bajo seudónimos- con insultos y amenazas que han provocado ya la baja de unos cuantos periodistas que optan por abandonar un espacio público. No es que prefieran estar callados: es que les han silenciado. Ese era el objetivo y no otro. Al fin y al cabo, el asedio y señalamiento invita a la autocensura. Algún día, alguien con medios y ganas debería estudiar el fenómeno laportista en redes. Mientras, el equipo ha cumplido, pero el club no y el estadio no llega a tiempo para la remontada.