La ciencia ficción es uno de los géneros que mejor permiten comprobar que la imaginación humana es más fiable de lo que a menudo nosotros mismos estamos dispuestos a conceder. Con el paso de no muchos años, ideas de la ciencia ficción que eran catalogadas como simples fantasías se han convertido en realidades: por ejemplo, solo ciento cuatro años separan la publicación de la novela De la Tierra a la Luna, de Julio Verne, de la llegada del Apolo XI a nuestro satélite. Los cambios se han producido más deprisa a medida que avanzaba el siglo XX y llegaba el XXI: el guion de la película Blade Runner (basado libremente en un relato de Philip K. Dick) ponía sobre la mesa cuestiones como la inteligencia artificial, la manipulación genética, el cambio climático o los grandes movimientos migratorios, que en poco más de cuarenta años son los problemas más destacados de la agenda internacional. Otra película basada en una novela (la ciencia ficción practica la promiscuidad de lenguajes narrativos, y va de la mano de la literatura, el cine, el cómic, los videojuegos, etc.), como Soylent green, planteaba la crisis alimentaria mundial y la degradación de la democracia con la consiguiente emergencia de formas de gobierno autoritarias, como vemos hoy. La empresa californiana Foundation impulsa la fabricación en serie de un robot llamado Phantom MK-1 que –a diferencia de las otras grandes propuestas de robótica conocidas hasta ahora– está diseñado específicamente para combatir en situaciones de guerra (Terminator). Las grandes tecnológicas hace tiempo que investigan los viajes en el tiempo y la colonización de Marte.La lección de todo ello es que todo aquello que imaginamos también es real. Si podemos imaginarlo, ya es real. Por eso, de Aristóteles hasta los surrealistas, siempre ha habido quien ha defendido la lucidez de los sueños. Las ideas que en algún momento eran rechazadas, burladas o directamente perseguidas como fantasía, delirio o blasfemia (como viajar a la Luna, como demostrar que la Luna orbitaba alrededor de la Tierra y que la Tierra orbitaba alrededor del Sol, como afirmar que la Tierra es redonda y no plana) se convierten en realidades empíricas y fehacientes gracias a la inteligencia y el esfuerzo persistente de una especie, la humana, que no siempre se dedica a cometer atrocidades.El viaje de Artemis II ha abierto la era de la conquista de la Luna. El objetivo será habitar la Luna, establecer bases y laboratorios, trabajar allí, construir allí, colonizarla. Esto significa una nueva carrera entre las potencias del mundo, y la necesidad de desplegar una legislación ad hoc que será compleja y que habrá que evitar (desconozco cómo) que no sea puesta desde el inicio al servicio de oligarquías y oligopolios. Y que no se cumpla otra predicción de la ciencia-ficción, en este caso del film Matrix: “Ustedes, los humanos –decía el agente Smith–, se establecen en un lugar, consumen todos los recursos y, cuando ya los han agotado, van a otro lugar y vuelven a hacer lo mismo. Solo hay otra especie que se comporte así, y son los virus”.