El contexto de la amnistía

El aval del Tribunal de Justicia de la Unión Europea a la ley de amnistía pondrá a prueba a las instituciones españolas y puede dejar en evidencia la politización de la justicia en los altos niveles, que ya hace tiempo que emite señales inquietantes con la mayoría gubernamental en el punto de mira. El presidente del tribunal, el juez belga Koens Lennaert, destaca el propósito de “reducir las tensiones institucionales y políticas, así como facilitar un escenario de reconciliación”. ¿Esta idea la comparten quienes han de ratificar la aplicación de la ley? Desde el mundo judicial, se ha salido inmediatamente a marcar distancias. De momento, diferentes portavoces judiciales han querido dejar muy claro tres principios: que el TJUE puede tener la opinión que quiera, pero que sobre la amnistía quienes han de decidir son los jueces españoles; que para interpretar la Constitución ya tenemos el Tribunal Constitucional y no hace falta que lo hagan desde el extranjero, y que no puede haber una aplicación automática de la amnistía. Es decir, calma y paciencia.

Dicho de otra manera, si se trataba de pasar página “cuanto antes mejor”, como dijo el ministro Félix Bolaños, y como parecería razonable, estamos lejos de ese propósito. Ya sabemos que los tiempos de la justicia son lentos. Y basta ver lo que pasa cada día con las actuaciones judiciales en el entorno del gobierno socialista, demasiado a menudo convertidas en espectáculos que no ayudan ni al respeto ni a la confianza necesaria con las instituciones.

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Ha habido un conflicto importante: el desafío, desde Cataluña, a las instituciones españolas con la apuesta por un referéndum de independencia. El independentismo fue más allá de sus fuerzas y, como siempre que se pierde la noción de los límites, se estrelló. La relación de fuerzas no le acompañaba y Europa siempre miró en otra dirección. La amnistía quiere pasar página. Nos encontramos, sin embargo, en un contexto europeo deteriorado por la fuerza creciente del autoritarismo postdemocrático, una dinámica que va de patria a patria. Las extremas derechas ganan espacio en todas partes, también en Cataluña. Aliança Catalana crece sobre la desbandada de Junts, perdido en el desconcierto y la frustración. La amnistía es un gesto de distensión que no resuelve los problemas pero que abre espacios y genera nuevas complicidades. El éxito de quienes se oponen sería un indicio cruel. Más trágico aún si fuera fruto de la confrontación entre el poder judicial y el poder político. ¿No es la pacificación función capital de quienes gobiernan?