Un poco de corralito en EEUU: ¿enfriado o gripe?

BarcelonaPronunciar la palabra corralito en el sector financiero equivale a gritar: "Bomba!" dentro de un avión, aunque no haya ninguna. No hay nada que inquiete más que ir a retirar el dinero y le digan a uno que no se puede. Lo cierto es que nos movemos en un sistema basado en la confianza. Todos sabemos que no hay ninguna entidad que pueda devolver el dinero al momento si todo el mundo lo reclama a la vez. Y cuando esto puede ocurrir surge el corralito, que consiste en evitar o limitar la retirada de fondos para que las entidades no se queden sin liquidez. Lo conocen bien los argentinos, que lo sufrieron en el 2002; los chipriotas en el 2013 o los griegos, en el 2015.

Que un gran fondo se vea obligado a limitar las retiradas de efectivo, como ha tenido que hacer BlackRock con HPS, porque hay muchas más peticiones de reembolsos de las habituales propicia un ambiente de cierto pánico. Los inversores tienden a sobrerreaccionar. Más aún cuando en el segmento de los fondos que se dedican a la deuda privada, es decir a prestar dinero a empresas, ya ha habido precedentes recientes, como el de la gestora Blue Owl, que tuvo que suspender las retiradas de efectivo de uno de sus fondos de deuda privada. Cierta inquietud por la situación de determinadas entidades lleva un tiempo circulando. Jamie Dimon, el todopoderoso consejero delegado del gigante bancario estadounidense JP Morgan Chase, alertó hace unos meses de que "si ves una cucaracha, probablemente habrá más". Se refería a la quiebra de dos empresas del sector automovilístico que provocaron pérdidas en varios bancos de Estados Unidos.

Cargando
No hay anuncios

La deuda privada es un mercado muy habitual en EEUU. Ronda los dos billones de dólares (sí, con b). En principio es un modelo que nos queda lejos, como cuando se vivió la crisis del Silicon Valley Bank y el Signature Bank en 2023, dos entidades superespecializadas y regionales, características muy habituales en EE.UU. Pero también pensábamos que la crisis del 2008, que inicialmente estalló en EEUU, nos quedaba lejos. Y, en tan interconectada economía, descubrimos que un señor de Sabadell resulta que tenía, sin saberlo, un pedazo de deuda de un ciudadano de Wisconsin que había dejado de pagar su hipoteca. En un tiempo sabremos si el síntoma que supone la decisión de BlackRock, que afecta al preocupante segmento de la shadow banking, es decir de la banca en la sombra, sin la regulación ni la supervisión de las entidades financieras tradicionales, es sólo un resfriado, una gripe o una neumonía.