El presidente de los EUA, Donald Trump, ante las columnas de la Casa Blanca, el pasado 25 de mayo.
31/05/2026
Escritor
2 min

Donald Trump cumplirá ochenta años el próximo día 14, y eso lo convertirá, según la propaganda trumpista, en el hombre más viejo –no hay ninguna mujer– que haya ostentado jamás la presidencia de los EE. UU. (Biden la dejó a los 82, pero quizás lo han cancelado). Evidentemente, es un dato que no tiene ningún tipo de interés ni relevancia para la vida pública, pero a ojos del interesado es una efeméride importantísima y trascendente. Tanto o más que el 250º aniversario de la proclamación de la independencia de los EE. UU., que tendrá lugar justo tres semanas (menos un día) después, el 4 de julio, que, como saben hasta los alienígenas, es la festividad nacional yanqui. A partir de esta coincidencia, Trump ha decidido montar una especie de lío para ver si consigue hacer amalgama entre las dos fechas, con unas cuantas celebraciones bien coherentes con el personaje.El mismo día 14 de junio la Casa Blanca acogerá una velada de la UFC (Ultimate Fighting Championship), un campeonato de artes marciales mixtas que en los últimos años ha alcanzado una gran popularidad entre el público MAGA norteamericano y también entre los MAGA de provincias de todas partes, como los que pastan por nuestra casa. Para la ocasión, se ha construido en los jardines de la Casa Blanca una gigantesca jaula para los luchadores llamada The Claw –El Garra–, porque estos luchadores, para contentar a su público, se deben ventilar dentro de una jaula. Dentro de la cabeza de Trump esto debe equivaler a una lucha de gladiadores en el circo romano en honor al césar, que es él.Hay más ideas en danza: una emisión especial de billetes de 250 dólares con la cara de Trump estampada, la impresión de pasaportes con la cara de Trump (otra vez) impresa en la primera página, o la construcción de un arco de triunfo de setenta y cinco metros de alto que eclipsaría el monumento a Abraham Lincoln (que Trump, por otra parte, ha hecho restaurar, con instrucciones de que se ilumine el estanque con un color “azul bandera americana”). También está el proyecto de levantar en Miami, referente de la derecha turbocapitalista mundial, una “biblioteca presidencial” que, según Trump, sería su legado cultural: una torre inmensa de vidrio coronada con su nombre, con un vestíbulo que albergaría un avión Air Force One que el emir de Qatar regaló a Trump y una estatua gigantesca del paquidermo naranja. Todo bien dorado y reluciente, por supuesto.Aparte de constituir una serie de imbecilidades, las propuestas de Trump son una usurpación del espacio público. Una bacanal de exaltación nacionalista y patriótica, mezclada con el culto a la personalidad del líder. Puede hacernos reír o escandalizarnos, pero es una representación muy clara del tipo de liderazgo que las derechas llamadas emergentes quieren volver a normalizar, mucho más cerca de la figura del déspota (benigno o no; ilustrado seguro que no) que la del presidente electo que, como tal, representa a la ciudadanía, se le debe y se somete a su voto. Como se ha hecho siempre en las dictaduras y en los regímenes autoritarios: cuando Elon Musk hizo el saludo nazi desde la tribuna, el día de la investidura de Trump, no fue ningún momento de ofuscación ni ningún acto gratuito de arrogancia.

stats