28/08/2022

Intento de descrédito contra los académicos independentistas

2 min
Universitat Pompeu Fabra, en una imagen de archivo

Presionar revistas académicas para evitar que en ellas publiquen investigadores con el argumento de que son independentistas, o que los financian administraciones en manos de partidos independentistas, es jugar sucio. Y el debate académico tendría que partir del juego limpio. Las ideas, investigaciones y conclusiones se tienen que rebatir con argumentos y datos, no intentando evitar que se difundan. Nadie encontrará extraño que un politólogo españolista publique una investigación sobre el independentismo aunque trabaje en una universidad pública en manos de una administración dirigida por partidos unionistas. O que lo haga con una investigación pagada por una institución que dependa del gobierno español, evidentemente, unionista. Pues a la inversa tampoco tendría que ser extraño.

El unionismo español es una postura política, ideológica, como el independentismo. Igual de legítima –cuando no se impone con autoritarismo o violencia–, pero de parte, como cualquier postura política. Que sea la que defiende el statu quo no quiere decir que sea más normal, ni que sea neutral, ni que sus partidarios se puedan declarar objetivos por el solo hecho de serlo. Un investigador unionista corre el mismo riesgo de ser sesgado que uno independentista. Y que cualquier otro investigador: los humanos no somos máquinas ni pizarras en blanco. Tenemos ideas, opiniones, posiciones y prejuicios. Y menos mal, porque es la ideología la que hace avanzar a las sociedades, mediante el diálogo entre los que piensan diferente.

Los investigadores tienen opiniones, pero usan datos y metodologías para evitar los sesgos a la hora de hacer investigación. Un investigador honesto no esconde qué piensa, pero argumenta cómo ha llegado a las conclusiones que publica de forma que cualquiera pueda buscar puntos débiles, si hay, y rebatirlas. Y este es el gran adelanto de la ciencia: es el único sistema de conocimiento que avanza poniéndose a prueba a sí mismo, que por definición rehúye el dogma y, por lo tanto, permite el progreso humano. Intentar negar la posibilidad de rebatir ideas diferentes es querer frenar la ciencia, impedir la investigación.

No tiene ningún sentido juzgar o intentar desacreditar el trabajo de un investigador por aquello que cree y defiende como individuo, se lo tiene que juzgar por aquello que hace, por cómo lo hace. Y el sistema de investigación tiene los mecanismos para hacerlo. Los artículos científicos, antes de que se publiquen en revistas especializadas, se revisan atentamente en un proceso que a menudo es bastante largo. Seguro que todo este sistema es mejorable, pero seguro, también, que no mejorará presionando las publicaciones por motivos ideológicos.

El debate entre el independentismo y el unionismo ha llegado a muchos niveles de la sociedad, incluida la investigación académica. Esto no es malo, mientras la disputa se mantenga en el ámbito de la discusión académica, por acalorada que sea. Las presiones y el juego sucio solo empobrecen el prestigio de las instituciones implicadas y, sobre todo, de los que las ejercen de manera sesgada.

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