Detener el eclipse
Siempre ha sido una fuente de inspiración para los artistas jugar con el tiempo y con la imposibilidad de volver al pasado. En A la búsqueda del tiempo perdido, una novela larga, lenta, de prosa exquisita, Marcel Proust recuerda su infancia. Es la evocación lo que hace atractivo el relato, lo que lo convierte en único, lo que transporta al lector a un pasado que ya no existe, pero que aún se puede imaginar y soñar.Pensemos en una línea larga. En un extremo están las partículas subatómicas, y en el extremo opuesto, el universo, las distancias a años luz y los agujeros negros –concentraciones de masa con un poder de atracción tal que ni siquiera la luz puede escapar de ellos–. Hasta el siglo pasado, solo una parte de la realidad representada en esta línea nos era conocida: no teníamos los medios técnicos para observar lo muy pequeño ni lo muy grande.Ahora, pero, incluso sabemos que el tiempo se ralentiza en presencia de la masa. Es un hecho experimentalmente comprobado: para el hombre que vive en la montaña, más lejos de la masa de la Tierra, el tiempo transcurre más deprisa que para el que vive en la llanura. Cuando nos movemos a gran velocidad, el tiempo también se altera: se ralentiza. Si pudiéramos viajar en una nave espacial a la velocidad de la luz, podríamos explorar el universo sin que el tiempo fluyera para nosotros. La comparación de dos relojes —uno en reposo en la Tierra y el otro orbitando a gran velocidad, entre 20.000 y 30.000 km/h, en un satélite artificial— demuestra que el tiempo se encoge y se estira. Ha dejado de ser una constante fija y universal.Albert Einstein lo formuló en la teoría de la relatividad años antes de poder comprobarlo; la capacidad de comprender antes de ver constituye la esencia del pensamiento científico. El físico postuló que la única constante universal no es el tiempo ni el espacio, como se creía hasta entonces, sino la velocidad de la luz. Y planteaba un problema más filosófico que físico: ¿qué sentido tienen el ahora y el después si para cada uno de nosotros el tiempo es diferente?Hasta el siglo XVIII, había dos visiones predominantes respecto al tiempo. Para Aristóteles, era la medida del cambio: sin hechos, el tiempo no existía. Para Isaac Newton, el tiempo era inmutable, independiente y constante: sin cambios, el tiempo se deslizaba a velocidad constante. Los principios que Newton formuló en el siglo XVII, en su teoría de la gravedad universal, permitieron explicar el movimiento de los planetas. Pero Newton no fue capaz de explicar más que la parte de la realidad que él podía ver.
Hoy sabemos que ninguna de estas dos teorías era cierta. La realidad es más compleja; la observación experimental lo ha demostrado. La teoría de Newton se mantuvo como una realidad universal hasta que se formularon la teoría de la relatividad, para lo que es muy grande, y la teoría cuántica, derivada de la observación directa e indirecta de lo muy pequeño, y del descubrimiento de que la luz es al mismo tiempo ondas y partículas. Se han creado nuevos paradigmas que rompen definitivamente el conocimiento del espacio y el tiempo como realidades independientes y autónomas. En la nueva realidad que reveló la física cuántica, además, una partícula puede estar en dos lugares diferentes al mismo tiempo. Lo que creíamos estable y universal, el tiempo y el espacio, ha perdido ambos atributos. Ya en el siglo XIX, Sadi Carnot, hijo de uno de los revolucionarios que condenaron a muerte a Luis XVI de Francia en 1793, escribió el primer tratado de termodinámica, que formula que el calor pasa de lo que está caliente a lo que está frío. El calor se debe a la excitación de las partículas de un cuerpo. Cuando un cuerpo se calienta, aumenta el desorden de las partículas. A diferencia de otros fenómenos físicos, el calor no siempre permite retroceder: la máquina de tren quema la madera, que calienta el vapor que mueve la máquina alternativa, que propulsa el tren. En esta secuencia de hechos, no es posible volver al origen.Por eso el calentamiento global es imparable y la degradación del medio natural, inevitable. La magnitud que mide el desorden y la homogeneización que los fenómenos termodinámicos de calentamiento producen es una variable medible y calculable. Fue definida como "entropía" por Rudolf Clausius. Y es el problema que tiene el planeta y que condiciona la evolución de nuestro desarrollo: la multiplicación de la entropía por el aumento de la temperatura que produce, en concreto, la actividad humana, y cómo esta repercute en la evolución de la realidad física. La calidad de la energía se degrada siempre. Esta constatación condujo a Ludwig Boltzmann al suicidio: entendió que el mundo camina inexorablemente hacia su fin.Los descubrimientos científicos, en especial a partir del siglo XX, nos han permitido conocer la realidad mejor que antes y constatar su complejidad. A pesar de ello, y aun sabiendo los efectos que tiene sobre la realidad, la humanidad no ha cambiado su comportamiento. Somos una especie inteligente que camina con paso firme hacia la autodestrucción. Es un suicidio inexorable, que ninguna otra especie, animal o vegetal, quiere hacer. Nos lleva a ello nuestra inteligencia. Somos la especie más lista, que ha acabado con las otras, como los neandertales... Y ahora actuamos para acabar con nosotros mismos. ¿Sabremos detener este eclipse autoinducido?