Elipsis

"<em>Ultimi barbarorum</em>"
Baruch Spinoza
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Con una mirada corta sobre la militarizada frontera sur de la UE, dentro de los enclavamientos coloniales españoles, ya sabemos que 141 personas han perdido la vida y más de 2.000 menores la buscan. Con una mirada larga, hace mucho que el Mediterráneo es una fosa común. Con una mirada atenta, es absurdo que lo viejo surja como nuevo. Tarajal 2014, Melilla 2022, Portopalo 1996. Cuando la elipsis estructural es no hablar nunca de la brecha Norte-Sur, repetir migración para no declinar pobreza, llamar socio fiable a una monarquía represiva, menospreciar las protestas marroquíes de la generación Z de hace poco u olvidarnos que el estrecho de Gibraltar condensa, en catorce kilómetros y cuatrocientos metros, la fina línea que escinde dos mundos completamente antagónicos. Allí donde la distancia más corta expone el abismo más largo, cuajado de elipsis. Una de geopolítica vergonzosa: el pueblo saharaui, traicionado primero por el PSOE de Felipe González y abandonado hace poco por el gobierno más progresista de la historia. Y siempre una misma fantasía vanidosa: creer que nosotros no tenemos nada que ver en todo ello. No mires abajo en el mapa, no sea que a los ojos estalle el mundo piramidal desigual tal como es. Mundo rico mundo pobre, solo hay que rememorar en un mundo acelerado el show televisado del hantavirus de hace solo tres meses y a bordo del crucero MV Hondius. La crisis dejó finalmente tres muertos occidentales. Solo hay que contraponerlo con el último brote de Ébola en el Congo, completamente simultáneo al anterior, que ya lleva más de dos mil vidas segadas en duradera apagada informativa.En una mirada global, la emergencia climática, desde los incendios de Canadá hasta las inundaciones de Chile, no da tregua local ni global. Con la elipsis acumulada –reiterada, repetida, reincidente– de creer que podemos hacer como si nada pasara mientras está pasando de todo. En todas partes. Y obviando que vamos endosando la factura y las fracturas a las futuras generaciones. Memoria retrovisora, Pasolini ya se preguntaba premonitoriamente el lejano 1975 por qué desaparecían las luciérnagas y hoy, aquí, ahora, nos olvidamos –verano de 1993, pongamos por caso– de cuando los cristales de los coches, yendo y volviendo de vacaciones con las ventanillas abiertas, eran un escaparate impactante de insectos múltiples. De esto no hace tanto, a pesar de que la comunidad científica lleva tiempo explicándonos por unanimidad el empobrecimiento ecosistémico: la pérdida creciente de biodiversidad y hábitats, el uso y abuso sistemático e intensivo de pesticidas sintéticos, los fenómenos climáticos extremos o el modelo depredador de crecimiento económico. En cualquier caso, entre las Gavarres y la sierra de Espadà, que los incendios se apagan en invierno y los apagan campesinos y bomberos lo sentimos desde hace más de dos décadas. Como si oyéramos llover en tiempo de sequía. No miramos hacia arriba, no sea que nos tocara hacernos cargo de nuestra propia mierda. En burbuja, todo ello recuerda aquel vídeo viral en el que un trabajador chino explicaba por qué iba al trabajo en un coche cerrado: para evitar la contaminación del aire.

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En mirada enturbiada de calor, las islas de la sofocación continúan en las áreas urbanas, bajo el clima de las desigualdades sociales y en un verano polarizado según dónde pares: en l’Hospitalet o en la Cerdanya, en Menorca o en Salt. Pero en la barra libre de bar de madrugada que son las redes sociales, ayer no daba crédito. Descartada una mala pasada de la IA, topé con el falso prestidigitador Elías Bendodo, de la dirección del PP, en un vídeo extravagante. Allí hablaba de la gente que no puede hacer vacaciones (estructuralmente, un 30% de la sociedad), de pobreza cronificada y de una precariedad creciente que cada vez que el PP gobierna sube como la espuma y cuando gobierna el PSOE no cae nunca al fondo del mar. Un vídeo-homenaje del cinismo a la hipocresía, cuando la magia siempre consiste en distraer la atención para que no veamos el mal encaje y no observemos qué hacen con la otra mano, que suele ser la más derechista. Pero el olvido planificado es una elipsis que la memoria desarma. Que hagamos vacaciones no es de siempre ni cae del cielo. Los 30 días naturales de los cuales buena parte disfrutamos estos días están legalizados solo desde 1983. Es decir, anteayer. Las primeras vacaciones –7 días anuales– las proclamó aquella Segunda República que destruyeron de raíz, sangre y fuego. Y todavía el próximo martes, para no acumular elipsis criminales, hará 90 años del asesinato de Federico García Lorca. Me juego medio guisante a que Bendodo no hará ningún vídeo. "Hay cosas encerradas dentro de los muros que si salieran de pronto y gritaran llenarían el mundo". No mires atrás. No sea que todo brille.En mirada bizca, que la resaca catalana del eclipse sea, fundamentalmente, el desorden de Cercanías tiene poco de poético y todo de político. Como para no mirar los vacíos en la esfera de la pretendida izquierda. Si se confirma que el dispositivo especial ferroviario para facilitar la movilidad durante el eclipse y fomentar el transporte público fue finalmente de 327 plazas adicionales de tren tendremos una inquietante e impotente elipsis: la democracia ya no llega o solo de refilón, o solo de broma, a los retos enormes que afrontamos. En medio de este eclipse democrático global –que de natural no tiene nada— que no pinta nada que vaya a durar solo dos minutos extraordinarios. La urgencia del momento obliga a clamar –exigir, necesitar, persistir– que para salir del agujero lo primero es dejar de cavar. Y conjurarse para que ninguna derrota drástica lo sea nunca por omisión, dejadez o, peor aún, incomparecencia democrática.En mirada tensa, todo aclara que mirar a otro lado, seguir de juerga y algarabía o hacer el avestruz no servirá de nada. Ni siquiera para esconder la cabeza bajo el ala. Demasiadas elipsis nos eclipsan. La elipsis permanente palestina –como si la sucia y brutal colonización de Cisjordania no apuntalara cada día la demolición descontrolada del derecho internacional humanitario–, la guerra híbrida en el Este o los manifiestos palantir que proclaman el advenimiento del tecnofascismo. En mirada prospectiva, cuando siempre hay que anticiparse, uno sopesa dónde pararemos exactamente el verano que viene. La demoscopia dice que bajo una mayoría aplastadora del PP y Vox en el estado español. También anuncian que el próximo eclipse, del 2027, será en Ceuta y Melilla. Y ha sido entonces, canícula del XXI, cuando me han devuelto unas palabras de la poeta Mireia Calafell que recupero cada vez que hace falta. Y cada vez más. Y más a menudo. En caída libre y sin elipsis, a la búsqueda de paracaídas ante una piscina que quema, la Mireia continúa disparando desarmada: "Urge saber quiénes somos, quién pone cloro en la piscina y quién está dentro del agua. Quién controla la entrada y quién es el que quiere entrar. Dónde es que quiere entrar. Lo tenemos que saber pronto o será tarde e irreversible: ya no podremos hacer nada, ni cambiar nada, ni decir nada, ni escribir nada, ni exigir nada si un día descubrimos, ingenuamente, que toda esta sangre es de nuestras manos de donde, gota a gota, cae".