Encogerlo y pintarlo de rosa

Hay zapatos que duelen desde el primer día. Siempre nos han dicho que es normal: "Ya se darán". Pero, ¿y si el problema no fuera el pie ni el zapato, sino que nunca se hubiera diseñado pensando en aquel pie?La diseñadora Karen Korellis Reuther, docente del máster en ingeniería del diseño en la universidad de Harvard y exdirectiva creativa de Nike y Reebok, ha hecho de esta pregunta el hilo conductor de su libro Man-made: How we designed a world that leaves women out, and how we can make it right [Hecho por hombres: cómo hemos diseñado un mundo que deja fuera a las mujeres y cómo podemos solucionarlo]. En él hace patente que el mundo se ha diseñado mayoritariamente para hombres y por hombres.En los Estados Unidos, recuerda Reuther, solo son mujeres el 18% de los diseñadores de producto en activo, el 25% de los arquitectos colegiados y cerca del 12% de los ingenieros mecánicos. Quién diseña los objetos que usamos, los edificios donde vivimos o las tecnologías que utilizamos condiciona, inevitablemente, cómo los experimentamos.Durante décadas, la respuesta de la industria se resumió en una fórmula: shrink it and pink it. Hacer el producto masculino más pequeño y pintarlo de rosa. En resumen, marketing disfrazado de innovación.Pero las mujeres no son hombres en miniatura. Los pies femeninos, explica la autora, suelen ser más triangulares (antepié ancho y talón estrecho), mientras que la mayoría de calzado deportivo se diseña todavía sobre un pie masculino, más rectangular. Reducir la talla no lo resuelve y puede provocar lesiones.La misma lógica se ha aplicado a los maniquíes de las pruebas de choque. No eran cuerpos femeninos: eran cuerpos masculinos reducidos de altura. Y una mujer tiene una musculatura cervical, un esternón y una pelvis diferentes. No probar esta biomecánica, como dice Reuther, puede ser muy perjudicial. Cuando el patrón es erróneo, el riesgo también lo es.Reuther señala que la definición de "media" se basa en medidas masculinas de los años setenta, y los datos de hoy todavía las arrastran. Hay que acabar, dice, con una idea de media que nunca incluyó a las mujeres.Como investigadora en salud, no puedo estar más de acuerdo. Hemos aprendido que la medicina basada en la evidencia es el mejor camino para decidir. Pero también que la evidencia solo es tan buena como los datos que la sustentan. Si los datos no representan a toda la población, tampoco lo harán los algoritmos, ni las herramientas digitales ni la inteligencia artificial que entrenamos con ellas.Quizás el reto del siglo XXI no es una tecnología más potente, sino más consciente de la diversidad humana. Reuther propone ir más allá del "diseño universal" y apostar por un "diseño intencional". Diseñar sabiendo que nuestros cuerpos y nuestras necesidades no son iguales y que la tecnología actual nos permite tenerlo en cuenta desde el primer esbozo.Es una idea que va más allá del diseño y apunta al liderazgo. De quién se sienta a la mesa cuando se decide qué investigamos, qué construimos y para quién. Porque la diversidad no es una concesión: es una condición para innovar mejor.