El día 9, en Bruselas, tendrá lugar la última etapa del Correllengua Agermanat, una movilización que ha conseguido unir los Países Catalanes, de cabo a cabo, en una carrera popular que en realidad es una declaración de estima colectiva a la lengua catalana. La Flama de la Llengua ha ido pasando, de relevo en relevo, de mano en mano, por pueblos, ciudades e islas, dibujando de manera simbólica una comunidad cultural y ciudadana que se reconoce por la lengua catalana. En todas partes (en Cataluña, en el País Valenciano, en las Islas Baleares, en L'Alguer), la participación ha sido multitudinaria y ha hecho del Correllengua Agermanat un acto de autoafirmación con una capacidad de movilización verdaderamente masiva. Y con un tono –como en el verso de Estellés– festivo, alegre y combativo, resultado del trabajo excelente de la organización, que también ha recogido el relevo de la historia de los diferentes Correllengües, celebrado por primera vez en Mallorca en el año 1993.Justamente el domingo pasado la Flama llegó a Palma, y la acogida de la ciudadanía volvió a ser entusiasta y multitudinaria, como en el Sí a la lengua de hace dos años. Las canciones del grupo Música Nostra (con el canto de La balanguera como final de fiesta) y los discursos de los organizadores –nada rutinarios, ciertamente potentes– dieron el tono de una gran afirmación ciudadana de un sentimiento, pero sobre todo de un derecho: el derecho inalienable a vivir plenamente en la propia lengua y, por tanto, a ser el país que somos y no otro. Tan exitosa fue la convocatoria palmesana que al día siguiente el portavoz del partido de Marga Prohens, Sebastià Sagreras, salió a felicitar a los organizadores del Correllengua Agermanat y a intentar poner buena cara. Naturalmente, el Partido Popular (que gobierna en Baleares no con el apoyo sino a las órdenes de Vox) había hecho oídos sordos a la convocatoria exactamente hasta el momento de ver (una vez más) los miles de personas clamando en la calle por la lengua. La política lingüística del gobierno PP-Vox en Baleares consiste en suprimir o arrinconar el catalán de la vida pública (en la sanidad, en las administraciones, en la enseñanza), aunque al mismo tiempo intentan hacer el equilibrismo de rehuir lo que llaman “la confrontación lingüística”.Hagan lo que hagan los gobernantes, el Correllengua Agermanat deja un mensaje decisivo: hay una ciudadanía y una sociedad civil vivas, despiertas y capaces de organizarse, con una gran base de personas jóvenes que tanto son hijos de familias arraigadísimas como de inmigrantes llegados hace poco, dispuestos a defender el catalán y la cultura catalana como una forma de vivir y de estar en el mundo, y que no permitirán que se lo arrebaten. Esta constatación no debe servir para caer en ningún triunfalismo (la misma existencia de gobiernos con Vox en los Países Catalanes deja bien clara la magnitud del problema), pero sobre todo anula los discursos catastrofistas y los discursos de odio que quieren presentar el catalán como una lengua semimuerta a causa de la inmigración. Basta de lloriqueos y de señalamientos, y mucha más Llama.