El faro del mundo libre
La presidenta de Madrid, la inefable Ayuso, ha anunciado que concede una distinción honorífica a EEUU porque es el "faro del mundo libre". Acompañó el anuncio con un lamento por "la herida de Venezuela" y una diatriba contra "los narcoestados promovidos por la ultraizquierda": pronto, por tanto, llegará la acusación contra Sánchez, o contra Begoña Gómez, de haber instaurado un narcoestado terrorista en España. En todo caso, la Medalla de la Comunidad de Madrid (así se conoce el galardón en cuestión) se ha destacado en los últimos años por galardonar a líderes de la derecha y la ultraderecha latinoamericanas, con los que la extrema derecha española –como la catalana– procura tener relaciones bien engrasadas: así, el presidente de Ecuador, Daniel Noboi'o, Daniel Noboi'o, o Daniel Noboa. En esta ocasión, se galardonan "Estados Unidos de América", pero es obvio que se trata de un homenaje a Trump y al trumpismo.
Pero ¿es todavía EEUU "el faro del mundo libre"? Cierto es que, durante mucho tiempo, la democracia norteamericana, con su sistema de contrapoderes, ha desempeñado el papel de piedra de toque o punta de lanza de las democracias liberales. Tan cierto como que el imperialismo yanqui, que no es ningún invento de ahora, se ha permitido ejercer de guardián de las libertades y de exportador de democracias a toque de bombardeo e invasión militar, en todas partes donde la primera potencia occidental ha tenido intereses. Pero esto no ha impedido que la solidez del edificio ideológico e institucional de la democracia de EE.UU. haya aguantado bien la corrosión –la externa y la propia.
El informe Freedom in the world, que publica cada año la organización para los derechos humanos Freedom House, recoge una tendencia regresiva –involutiva– de EE.UU. a lo largo de la última década y media. Si en 2010 –en plena presidencia de Obama– obtuvo 94 puntos sobre 100 y se situó como una democracia plenamente libre, a partir de 2021 –tras el primer mandato de Trump– descendió hasta los 83 puntos, y sólo ha experimentado una leve variación hasta los 84. el índice de democracia de The Economist, EE.UU. se sitúa en el puesto 28 del ranking y son clasificados como una democracia deficiente o democracia imperfecta, un escalón por debajo de la democracia plena. España fue clasificada como democracia deficiente en 2021 debido a las irregularidades en su sistema judicial, y después volvió a recuperar el estatus de democracia plena.
Las causas de la erosión de la democracia americana, según el informe Freedom in the world, son la polarización política (odio al adversario), la desinformación (que socava la confianza en el sistema democrático), los intentos de limitar el acceso al voto a determinados colectivos y la publicación de amenazas y mensajes hostiles por parte de los medios de comunicación. Quien quiera puede entender enseguida de qué hablamos: hay cierto papanatismo de las derechas de casa que pretende que desde aquí no somos nadie para criticar la democracia de EEUU, pero la realidad es que todo Occidente se enfrenta a los mismos desafíos.