ANTES DE AHORA

El escultor Maillol y el Mediterráneo (1944)

Escultura 'Mediterrània', de Aristides Maillol, en el 'Catálogo de la Exposición Maillol 1979'.
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Del artículo –traducción propia– de Joan Teixidor (Olot, 1913 - Barcelona, ​​1992) publicado en Destino (14-X-1944) a raíz de la muerte del escultor Aristides Maillol (Banyuls de la Marenda, 1861 - 1944). Es de los artistas incluidos en la exposición Los Nabís: de Bonnard a Vuillard, que se puede ver en la Pedrera hasta el 28 de junio. Foto: escultura Mediterráneo, de Maillol, fechada de 1902-1923 en el Catálogo de la Exposición Maillol 1979 (Obra Cultural de La Caixa, 1979).

Un telegrama de Nueva York confirma las noticias indirectas que nuestros amigos ampurdaneses habían recogido ya sobre la muerte súbita de Aristides Maillol. No cabe duda de que el gran escultor de Banyuls ha dejado de existir, encerrándose con su muerte uno de los capítulos más decisivos de nuestro Arte contemporáneo. Maillol ha fallecido a los ochenta y tres años. Pero en su obra actual no se veía ni la más leve sombra de cansancio. Hasta tal punto estaba viva y pujando su obra en curso, que comprendemos que el artista estuviera seguro de llegar a la edad de los cien, afirmación que recogió de sus labios el pintor Sunyer. Si pensamos en sus últimas obras, en esta maravillosa Armonía, como un paréntesis mágico entre las imprescindibles fotos de guerra de las actuales revistas, es lógico que podamos decir que en este caso, humanamente hablando, la muerte se ha avanzado en su cometido. [...] Rodin y Maillol se sintetiza toda la dramática aventura de la escultura moderna. Estos dos nombres significan los dos polos opuestos de una violenta pugna estilística. En Rodin, la forma recibe el éxtasis de todos los impresionismos. Hombre del Norte, pone en sus obras de titán toda la fuerza de su extraordinaria conciencia expresiva: pero rehuye los límites categóricos y en su plástica se injerta, a través de todos los naturalismos, el sueño romántico de las significaciones musicales y poéticas. [...] Frente a esta dramática pugna de Rodin por buscar límites más libres e indeterminados para la escultura, el escultor Maillol levanta la bandera de una mediterránea claridad amiga de los contornos. [...] La reacción de Mallol liquida rápidamente todos los excesos postrodinianos. No es uno de los méritos menores de su obra el haber constituido la primordial influencia de toda la escultura europea de nuestro siglo XX. Maillol inicia un movimiento integrador que es favorablemente acogido por la nueva sensibilidad. Es el Sur –pensamos en Cézanne– en pugna victoriosa contra el Norte. Cuando se analice detalladamente el esfuerzo de estas últimas décadas, es seguro que la obra de Maillol debe merecer un valor de símbolo, sobre todo si nos fijamos en que en el caso de nuestro escultor el esfuerzo desaparece pronto para dar lugar a la serenidad de lo que se alcanza con plenitud de medios y de intención. Realmente, si Maillol se hubiera detenido en su primera fase de reacción, no le habría faltado la gloria de precursor; pero sí, en cambio, la mayor y definitiva de artista superior a su época. [...] Maillol nos ofrece en su obra la proximidad de la tierra y la sangre. Frente a estas formas robustas, llenas, de una pureza y un sosiego casi animales, de una palpitación tan ardiente y segura, es imposible no reconocer el aire y el sol de su Rosellón nativo. Se alcanza la armonía de la síntesis partiendo de lo inmediato y primigenio. En esto reside la fuerza superior de su obra. [...]

Joan Teixidor, 1944

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