Florentino Pérez y los nervios en el palco del Bernabéu

Florentino Pérez, en el palco del Bernabeu.
14/05/2026
Abogado y exconsejero de Justicia
3 min

Es mejor callar y parecer tonto que hablar y despejar todas las dudas. Durante muchos años, Florentino Pérez ha cultivado su figura de hombre poderoso administrando sus silencios y utilizando portavoces de todo tipo para lanzar sus mensajes. Esta fórmula le ha servido para forjar una imagen de persona que mueve los hilos desde la sombra para conseguir sus propósitos y doblegar voluntades. Pero el martes rompió el silencio y en solo una hora de rueda de prensa exhibió arrogancia, prepotencia e irritación porque las cosas no le salen como él quiere.El presidente del Real Madrid se presentó ante los medios como una víctima de los periodistas, víctima de una conspiración mediática, víctima de un entorno hostil que, según él, vive obsesionado en perjudicar a su club y a su imagen personal. Pero esta idea de hombre indefenso no conjuga muy bien con la realidad, porque acapara grandes cuotas de poder económico, mediático e institucional. Hace veintiséis años que preside el Real Madrid, desde el 18 de julio del 2000, gobernando el club blanco con mano de hierro, y aspira ahora a superar los treinta años en el cargo si gana las elecciones que ha convocado. Al mismo tiempo, controla un conglomerado empresarial internacional que factura decenas de miles de millones y ocupa a 170.000 trabajadores. Todo ello le ha permitido tejer una red de complicidades a todos los niveles, que hasta hoy parecía indestructible.Por mucho que algunos intenten reescribir la historia, el Real Madrid ha sido históricamente el equipo del régimen. Su proximidad al poder político, económico y mediático ha sido estructural y ha sacado beneficios evidentes durante décadas. La connivencia con las élites del Estado nunca ha sido disimulada; al contrario, se ha exhibido con absoluta naturalidad. También las grandes operaciones inmobiliarias que han permitido al club obtener recursos extraordinarios, una especie de dopaje económico que ha facilitado sostener proyectos deportivos faraónicos y competir siempre con ventaja respecto a muchos rivales.Florentino Pérez representa esta manera de entender el fútbol: fichajes multimillonarios, grandilocuencia permanente y un relato triunfalista construido a golpe de talonario. Cuando las cosas funcionan, él aparece como el gran visionario. Pero cuando la pelota deja de entrar, nunca falla el proyecto. Siempre hay enemigos externos dispuestos a conspirar contra el Madrid. Y esta vez los culpables son los periodistas.La temporada que ahora se acaba ha sido deportivamente devastadora para el club blanco, y el toque de gracia ha sido una derrota en el Camp Nou que ha dado la Liga al Barça. Ya se sabe que en el fútbol, cuando la pelota no entra, todo lo que parecía sólido queda cuestionado. Y cuando el relato triunfalista se agrieta, entonces todo son urgencias y aflora la peor versión de un dirigente acostumbrado a controlarlo todo.Florentino Pérez ofreció una exhibición de resentimiento y soberbia impropia de alguien con su experiencia. En solo una hora fue capaz de retratarse como un dirigente profundamente irritado con cualquier voz discrepante. Señaló personas con nombres y apellidos, y alimentó fake news sobre supuestos privilegios arbitrales del Barça. Y todo ello aderezado, como suele ocurrir, con un tono paternalista y machista que algunos aún confunden con simpatía.Las personas poderosas acostumbran a ser desconfiadas, seguramente como mecanismo de defensa para protegerse de interesados y oportunistas. Hablan con mucha gente, pero no se fían de nadie. O aún peor: solo escuchan a los que les dicen exactamente lo que quieren oír, y a los que osan llevarles la contraria, aunque lo hagan con honestidad, acaban arrinconados. Con todo, se hace difícil imaginar que no hubiera nadie mínimamente sensato en el entorno de Florentino que fuera capaz de recomendarle que no compareciera ante los medios con aquel tono. Pesó más el resentimiento que la inteligencia y el resultado ha sido un auténtico despropósito comunicativo que no se puede disimular ni con la corte de bufones que, como Josep Pedrerol, han salido al rescate para tapar las vergüenzas del amo.El Madrid del poder hace unos días que está en shock. El detonante es una crisis deportiva incontestable de un equipo sin alma ni proyecto, pero se ha acabado hablando de todo menos de fútbol. Cuando un club tan poderoso dedica más energía a perseguir fantasmas mediáticos que a analizar sus errores deportivos es que algo profundo se está resquebrajando. Y probablemente esto es lo que más inquieta hoy en el palco del Bernabéu. No tanto haber perdido títulos como haber empezado a perder el control del relato.

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