Francesco Tonucci: "Un niño no se suicida, un adolescente sí"
Esa frase del título te abre los ojos. Francesco Tonucci, el gran pensador y pedagogo italiano, el creador del concepto la ciudad de los niños,la dice para que entendamos la importancia de dar oportunidades a los niños para que se frustren, para que se arriesguen en su aprendizaje autónomo, para que aprendan solos. ¿Cómo? Con libertad. Los niños y niñas no necesitan que los protejamos, sino que les dejamos salir a la calle a jugar, ir solos a la escuela –hay datos que dicen que si van solos son más puntuales–, ir de compras por el barrio. "En realidad, a mayor autonomía, menos riesgo".
"Los niños aprenden a hablar solos, con prueba error. Nadie se les enseña", dice Tonucci. "Si intentáramos enseñarles a hablar, quizás tendríamos muchos afásicos", bromea. Si de pequeños no les dejamos que se equivoquen y que se relacionen con el mundo sin tutelas –con los amigos, con los vecinos, con los maestros, con los desconocidos–, si los sobreprotegemos, si estamos siempre detrás y encima, si no dejamos que se pelen las rodillas, que se peleen, más que peleen, que se peleen, que se peleen, que se lloren, que se lloren, que se lloren, y se lloren, más que lloren, y se lloren. entonces quizás ya sea demasiado tarde. "Vivir la frustración a los 4 o 5 años es totalmente diferente que vivirla a los 14. Un niño llora, se lo cuenta a los padres... y al día siguiente vuelve a jugar, quizás incluso con quien le ha hecho una mala pasada". Según Tonucci, el incremento de depresiones (y de suicidios) en la adolescencia tiene mucho que ver con unas infancias de algodón.
Este jueves mantuve una conversación pública con el sabio y provocador Tonucci en la Biblioteca García Márquez, llena hasta los topes, dentro del ciclo Educación para construir futuros habitables organizado por el Ayuntamiento de Barcelona. "Los niños no son tontos –repitió más de una vez–. Un niño que todavía no camina, cuando ve unos escalones no se lanza de cabeza, se vuelve y, manoseando, les baja de retrocesos". La obsesión por la seguridad, que empezó en los años 80, nos ha llevado a cortar las alas en la infancia. Con nuestra mirada adulta miedosa, sólo vemos peligros. Ellos ven un mundo por descubrir, tienen hambre de aprender, de vivir, de ir más allá. Y no hacemos sino ponerles trabas, vigilarlos, encapsularlos en espacios cerrados. Tonucci dice que es verdad que ahora hay más coches pero remarca que "es totalmente falso que la ciudad sea más peligrosa que hace 40 o 50 años". Hoy existen menos accidentes y menos delitos.
¿Qué pide, pues, a los padres y madres, a los alcaldes de las ciudades y los pueblos? "Haga que sus hijos e hijas, que todos los niños y niñas, salgan a las plazas y las calles a hacer la suya. Expulse los coches y ponga niños, y ya verá como ellos y, a remolque, todos nosotros vivimos mejor. La ciudad ganará calidad, los adultos nos comportaremos mejor, les ayudaremos". Por arte de magia, la ciudad se hará más humana. Y los niños entenderán y experimentarán ellos solos los límites y peligros.
Cuando dice estas cosas con contundencia y radicalidad (también es muy crítico con el sistema educativo, pero eso daría para otro artículo), a Tonucci se le acusa de ingenuo, de buenista, de idealista. ¿Su respuesta? "En un mundo como éste, que te llamen ingenuo es un gran cumplimiento". No es cínico ni malo ni fatalista. Está convencido de que Trump debió de ser un niño que no sabía jugar. Ahora lo estamos pagando todos.
"Asumir a los niños como parámetro no significa infantilizar la ciudad, sino beneficiar a todos". Tonucci no quiere parques infantiles cerrados y protegidos, sino esos verdes donde haya niños y mayores. "En los parques, los niños se cansan enseguida. Es muy raro: ¡un niño que juega no se cansa nunca! Se olvida de comer e incluso de hacer pipí. ¿Qué quiere decir que se cansen de estar en el parque? Que en realidad no han jugado". "Los adultos jugamos para divertirnos, para ganar... Los niños juegan por jugar, es la utilidad de lo inútil". Einstein decía que "el juego es la forma más alta de investigación". "Fuera de casa, con sus amigos, niños y niñas aprenden cosas que no se pueden aprender ni en familia ni en la escuela: aprenden a conocerse". No les quitemos ese tesoro.