ANTES DE AHORA

La asfixia de la guerra (1916)

Retrato de Miguel de los Santos Oliver.
3 min

Del artículo de Miquel dels Sants Oliver (Campanet, Mallorca, 1864 - Barcelona, ​​1920) a La Vanguardia (II-1916). Traducción propia. Hoy hace ciento diez años el Gobierno del conde de Romanones ratificó oficialmente la neutralidad de España en la Gran Guerra entablada entonces entre trece naciones. Hacía pocos días de la declaración de guerra entre Alemania y Portugal. Los combates eran muy intensos en los teatros de operaciones de Verdun, del Adriático y del Cáucaso. Miquel de los S. Oliver, formado en derecho, historiador, poeta y periodista, era entonces director de La Vanguardia y miembro fundador del Institut d'Estudis Catalans.

El momento actual nada tiene de halagador. La situación está erizada de contrariedades y problemas, insolubles algunos: huelgas, manifestaciones contra el encarecimiento de la vida, cierre de fábricas, paro forzoso por falta de materias primas, emigración de obreros y campesinos que se extiende de provincia a provincia, de región a región. La guerra dura mucho más de lo que pensaban los optimistas; durará probablemente mucho más de lo que algunos ahora "desean creer", y devolverán, por tanto, las dificultades y las prisas con más fuerza que hasta ahora, pues la asfixia de la guerra, la presión de la guerra sobre los países neutrales, se dejará sentir cada vez con mayor intensidad y en una progresión que no sospechábamos. [...] Europa ha vivido, durante bastante tiempo, con reservas acumuladas. En época normal existe una cantidad x de productos naturales o manufacturados muy superior al consumo inmediato y directo. La guerra merma las reservas. [...] Una guerra de esta magnitud debe repercutir en países, como España, vecinos o cercanos a los beligerantes, con una autonomía económica y de producción que está lejos de ser perfecta. Todo esto debía venir fatalmente, inexorablemente, como ha venido, pero podía ser atenuado por una política de previsión, que en vano se instó desde Catalunya al inicio del conflicto. Pero ha terminado aplicándose remedios caseros y una visión corta de la crisis. [...] Es necesario que todo el mundo vea la necesidad de tratar la contienda como lo que es: un caso de salvación pública. Es necesario que todo el mundo se haga a esta idea, renunciando a ilusiones vanas y peligrosas. Estamos ante una situación grave a afrontar, no como un conflicto aislado, ni como una serie de problemas localizados y dispersos, ni aplicándoles una medicación tópica e incoherente, ni prolongando la ficción de la normalidad doctrinal y jurídica. Había que tratar los síntomas de un desastre que ya se previó en estas mismas columnas en agosto de 1914. Se trata de una catástrofe en la que es indispensable actuar como en otras calamidades como incendios, terremotos, inundaciones o epidemias, como en todo lo que desborda las previsiones de la ley, los recursos de poder del Estado que, a fin de ser fecundo en estas circunstancias, requiere el concurso y el sacrificio de todos. [...] Quiera Dios que llegue pronto el fin de la guerra y que se conviertan en balderas las previsiones; pero si el conflicto hace su curso como hasta ahora, es necesario que nos encuentre preparados para momentos mucho más graves y difíciles, quizás, que los vividos hasta la fecha. Gobiernos y opinión pública deben mirar con coraje y frente a frente las adversidades que el tiempo puede reservarnos. Que nadie se engañe. Hay que valorar el alcance del desastre y ajustarlo no a nuestros deseos, ni a nuestra comodidad, ni a nuestra pereza cerebral y nerviosa, sino al conjunto de precauciones, medidas, esfuerzos y sacrificios que serán indispensables. Estamos ante un caso mayor de calamidad pública, y como tal debe ser considerado por el país y sus gobernantes.

Miguel de los Santos Oliver 1916

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