Ni frío ni calor

Leemos en ARA que el calor mata más de noche que de día en Barcelona y que los expertos dicen “que existe una sobrevaloración generalizada de las necesidades de calefacción y una infravaloración de las necesidades de refrigeración”. Dice que partimos "de un clima pasado" y que son necesarias “reformas urgentes tanto del Código Técnico de la Edificación como del sistema de certificación energética”.

Vengo de una época en la que, en invierno, los niños y las niñas llevábamos faldas y pantalones cortos, y se nos hacían penellons, que es una palabra que desconocen todos los menores de 30. Dormíamos en casas sin “calefacción central”, donde cuando te metías en la cama las sábanas estaban húmedas. Ir a hacer pis de noche era un suplicio que intentabas ahorrarte, aguantando hasta que no podías más. La gibrelleta bajo la cama era el mal menor. Aquella frase que te decían las abuelas después de haberte tejido un jersey terrible con gorra a juego –“Ande yo caliente, y ríase la gente”– demuestra que protegerse demasiado del frío no era socialmente aceptable. Ahora bien, así como el frío se entendía como fortificante, el calor no tenía la misma consideración moral. El calor “era normal” y quejarse de calor era de vago. Tener elementos calefactores era deseable y no tenerlos era de ser muy desgraciado. Tener elementos refrigerantes, en cambio, era un lujo y una excentricidad.

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Esto ha perdurado hasta nuestros días. Y ahora, con el cambio climático (si alguien lo niega, todavía, le recomiendo que vaya a un huerto o a una viña a ver cómo se escaldan y se secan las judías sin cubierta y cómo se adelantan los cultivos), nos encontramos con que el aire acondicionado ya no es un lujo, como no lo es, desde hace muchos años, la calefacción. Nos vemos, ahora, gestionando y reclamando refrigeración para niños y abuelos. Nos vemos aceptando el calentamiento que provocan los aires como aceptamos desde hace años el calentamiento que provocan las emisiones de gasoil. Hasta hace poco, la pobreza energética era solo no poderse calentar. Hoy es no poderse pasar el calor, que, como leíamos en el diario, es mortal.