Gaudí, Mies y la autoría compartida
La cuestión de la autoría es un tema que parece muy de especialistas, pero tiene mucho que ver con las concepciones de la sociedad contemporánea. ¿Quién fue, realmente, el autor de una obra de arte o de arquitectura? Y, ¿qué implica el derecho de la autoría? En Barcelona tenemos dos ejemplos populares y significativos de esta polémica: la Sagrada Familia y el Pabellón Alemán de Barcelona en Montjuïc.En cuanto a la autoría de la Sagrada Familia, debemos partir de la reciente aportación realizada desde el Colegio de Arquitectos para el Año Gaudí: la Constelación Gaudí; una herramienta digital interactiva que reivindica la importancia de la gran calidad de los arquitectos, artistas, artesanos e industriales que colaboraron en las obras de Gaudí, una arquitectura colaborativa que desmiente totalmente que fuera un genio solitario. Fue todo lo contrario, una hábil cabeza de unos equipos competentes y creativos. El resultado del trabajo en equipo en la obra de Gaudí queda bien patente en el Palau Güell y en La Pedrera o Casa Milà-Segimon: las cualidades e innovaciones se consiguieron con los mejores arquitectos (como Josep Maria Jujol y Joan Rubió i Bellver); las cerámicas de Pujol y Bausis, fabricadas en La Rajoleta; el mobiliario de F. Vidal y Compañía; el hierro forjado de los Hermanos Badia i Miarnau, y de los Mañach; las estructuras de hierro de los Talleres Torras, Ferretería y Construcciones; las aportaciones de pintores como Iu Pasqual, Aleix Clapés, Javier Nogués y Teresa Lostau; y la intervención de calificados vidrieros, ebanistas y fabricantes de pavimentos. Así se consiguieron la calidad, la textura, la luz, los reflejos, la decoración y el amueblamiento; hecho que no resta mérito a Gaudí, sino que lo sitúa en un contexto creativo, cualificado por los grandes arquitectos, artesanos, artistas e industriales. Un fenómeno que no solamente caracteriza el Modernismo, sino también la voluntad de la sociedad catalana. A diferencia de lo que propugnó William Morris y pusieron en práctica los Arts and Crafts, de rechazo de la producción en serie, en Cataluña los valores de la artesanía se potenciaron con las posibilidades de la producción industrial.
Todavía se mantiene, en algún reducto elitista e hipercrítico, el rechazo a la Sagrada Familia por la cuestión de la autoría, por no haber dejado Gaudí suficientes planos y maquetas para definir el proyecto. Revive el mito de la autoría y del genio solitario. Según esto, nadie tendría derecho a continuar su obra personal y habría sido un error que durante cien años, con alguna interrupción, se haya ido completando una obra que quedó solo iniciada cuando él murió en 1926. Pero es que Gaudí no solo proclamaba el valor del trabajo en equipo y de las aportaciones de todos sus colaboradores, sino que también era consciente de que harían falta décadas para que arquitectos, ingenieros, escultores, artistas y operarios acabaran su obra, y sabía que aparecerían nuevos materiales, tecnologías y medios de representación que harían posible su sueño. Es cierto que podemos seguir valorando especialmente la parte que dirigió Gaudí y debatir sobre la calidad y el gusto de ciertos detalles de la obra actual, pero la proporción del espacio, la estructura compleja de las columnas que se abren como árboles y giran como constelaciones, la riqueza de la luz interior, su síntesis de las artes, las coronaciones de las torres, todo lo que se ha conseguido, la convierten en una obra única, una expresión espiritual que impacta y capta a todo ser humano. Y el otro tema polémico, en lo que respecta a la cuestión de la autoría, es el Pabellón Alemán de Barcelona, que no es solo el pabellón de Mies van der Rohe, sino también de Lilly Reich. Hace muy poco tiempo que se ha reconocido la capital intervención de ella, que se puede ver en la configuración de una secuencia de espacios semiabiertos, con el protagonismo de las sillas y los textiles. La arquitecta Laura Martínez de Guereñu ha demostrado en un documentado libro reciente toda la capital intervención de Lilly Reich, que dirigió el proyecto y la realización de todos los pabellones que representaron la industria y la artesanía alemanas en la Exposición Internacional de 1929. No olvidemos, pues, que ninguno de los dos tenía el título de arquitecto y que el pabellón es una obra totalmente proyectada y realizada por ambos. En definitiva, se trata de un debate que muestra quién se ha puesto al día y entiende la autoría como un concepto evolutivo y discursivo, no como un mito cerrado y romanticista; quién acepta la realidad creativa del trabajo en equipo, especialmente en la arquitectura, y quién busca visibilizar la contribución de las mujeres artistas, diseñadoras y arquitectas. Es un cambio epistemológico en la historiografía que cuesta que el establishment acepte: no son héroes masculinos geniales, sino equipos, con valiosas aportaciones de las mujeres arquitectas y de los colaboradores. Por lo tanto, ¡viva la obra colectiva de la Sagrada Familia y viva el Pabellón Mies van der Rohe/Lilly Reich!