La cantante Bad Gyal durante su concierto de presentación del nuevo álbum 'Más Cara' en el Palau Sant Jordi de Barcelona.
24/03/2026
Escritora
2 min

El horno, el único establecimiento abierto en el cruce donde me recogerán, de madrugada, lleva un nombre catalán que sugiere tradición. Las trabajadoras, jóvenes y uniformadas, latinas, hablan en español. Muchos parroquianos también. Para evitar el frío de la puerta de cristal automática, que se abre y permanece abierta, me pongo en el fondo del establecimiento. El altavoz con la música está encima de mí. Suenan canciones de reggaeton sin cesar, y entiendo que es más para disfrute de las trabajadoras que para disfrute de los parroquianos. No puedo hacer más que parar la oreja.

Ellos y ellas dedican la lírica a los mismos temas. La desinhibición sexual como valor, las ganas de gastar el dinero ganado en un trabajo alienante al salir de fiesta y los cuernos. La literatura está llena de estos tres temas. Cuando Bad Gyal habla del pene gordo de un compañero sexual y exclama "yo aguanto la presión" está haciendo como Catherine Millet cuando dice "me tocó hacer" tal cosa, mezclando una cierta obligación que deviene disfrute. Cuando este cantante desconocido nos dice que quiere alienarse el fin de semana, está explicándonos el mítico Sábado por la noche, domingo por la mañana de Alan Sillitoe o nos recuerda aquella canción de Moris, Sábado noche. El "tú te vas con todas, pero nos lo hemos contado" de todos los cantantes que ahora oigo, uno tras otro, es el gran tema de la literatura de todos los tiempos, desde los clásicos. Ellos y ellas, sin embargo, se quejan de manera muy infantil y, por tanto, pesada. Repiten y repiten la misma cuestión. Son canciones, figura. Si este que ahora dice que le has hecho daño y saldrá adelante y que odia a tu nuevo amante te lo estuviera diciendo a través de una nota de voz, lo bloquearías.

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