John Carlin y la chica rubia que le hizo periodista

El escritor inglés, en conversación con Laura Rosel, invita al público del Enfoquem a construir un mundo más amable

BarcelonaDespués de un viernes lleno como un huevo de público, de ponentes y de ideas, el sábado por la mañana el Enfoquem se ha abierto con una carlinada de la inteligencia y de la esperanza. Armado del humor y la lucidez que le son característicos, el escritor John Carlin, en conversación con la periodista Laura Rosel, ha elevado el Enfoque a la categoría de alzamiento insurreccional contra el fatalismo con una reflexión sobre el papel de la suerte en la vida, un relato salpimentado de anécdotas imperdibles sobre su propia trayectoria destilaba una reflexión sencilla y al mismo tiempo profunda sobre la contribución que cada uno de nosotros puede hacer a la construcción de un futuro más amable.

Seductor impertérrito, conversador flemático y brillante, Carlin insistió una y otra vez en la necesidad de reconocer el azar como el elemento primordial de nuestras existencias. Un padre aviador al que abatieron dos veces en la Segunda Guerra Mundial, pero que sobrevivió; una madre española (el segundo apellido de Carlin es De la Torre) de familia "rancia", rica y conservadora que debía casarse con otro; desgracias, coincidencias, giros del destino. Un relato que vivió un clímax cuando el escritor inglés narró su entrada (casual, por supuesto) en el mundo del periodismo: en Argentina de la dictadura, con veinticinco años, leyó que un diario valiente buscaba redactores. Se llegó sin demasiado interés ni convicción, pero una vez allí la visión de una chica rubia tecleando con una máquina de escribir lo cautivó. Y John Carlin empezó a convertirse en John Carlin, el periodista mundialmente conocido que publicaría obras emblemáticas sobre fútbol o la Sudáfrica del apartheid.

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Porque estos dos temas no podían faltar, en la conversación. Y también se revelaron como fuente de lecciones humanas que confirmaban el leitmotiv de la charla. "El motivo por el que el fútbol es el deporte preferido en el mundo es que es el más azaroso. ¿En qué otro te marcas goles en propia puerta?", exclamó. Y recuperó la imagen de un Nelson Mandela sentado frente a un general sudafricano blanco, racista y de extrema derecha. Si Mandela logró que le cedieran el poder, explicó Carlin, fue porque entendía que si él mismo hubiera nacido en el contexto en el que había nacido ese general, también habría sido racista. "Mandela me lo dijo: les perdonó porque eran como eran a consecuencia de factores que no habían podido controlar". Y he aquí la lección: "Comprender la centralidad del azar te hace más generoso y humilde, y comprensivo con los errores humanos". Lo primero que tenemos no es la virtud ni el trabajo, precisó Carlin, rechazando la ética imperante en países como Estados Unidos, sino la suerte o la mala suerte, "y eso debe hacernos más cristianos". "Aquí en Catalunya la virtud que más se valora es ser buena persona y eso me gusta", afirmó.

De la mano de John Carlin y Laura Rosel, L'Enfoquem, un ciclo de charlas orientado a afrontar retos globales como la crisis de la democracia o la emergencia climática, transitó durante un rato por la dimensión personal, casi íntima, de las soluciones que pueden darse a nuestro tiempo convulso. Ante un mundo "complicado", el escritor inglés esquivó repetidamente la tentación de hablar de Donald Trump, invitó a los presentes a no dejarse arrastrar por unos poderosos que a veces "parecen tener tendencias psicóticas", y animó a todo el mundo a contribuir con su granito de arena a hacer un mundo mejor. Su intervención levantó varios aplausos espontáneos, e incluso algún pitido excitado por el estímulo luminoso del humor y de las ideas. Al fin y al cabo, era "un día histórico", o así lo definió el propio ponente poco antes de terminar. ¿El motivo? Su profesor de catalán estaba presente entre el público. "Siempre nos hemos visto por pantalla y ahora iremos a tomar un café". A conocerse, entenderse, conversar.