"Lo más eficaz para acabar con la educación universal es atacar directamente a esta pieza fundamental de la educación: los profesores y maestros vocacionales", escribe Najat El Hachmi.
11/03/2026
Escritora
3 min

La enseñanza de calidad al alcance de todos, independientemente del nivel económico de la familia del alumno, es uno de los grandes hitos de la humanidad. Es imprescindible para construir una sociedad de ciudadanos libres que piensen por sí mismos y que entiendan las múltiples estrategias de alienación de los poderes políticos y económicos. La educación emancipadora no es una instrucción dirigida a realizar adultos funcionales, eficaces y obedientes que puedan incorporarse fácilmente al engranaje productivo del capitalismo. La buena educación dota a los niños de las herramientas necesarias para entenderse a sí mismos y entender su lugar en el mundo, para ser conscientes de la importancia de los lazos que nos unen a los demás, de los valores humanos y humanistas que hacen que la vida colectiva pueda ser una vida buena. Es una educación que fomenta el buen trato, que hace crecer y potencia las capacidades innatas de cada criatura, que las "empodera" para poder pisar con firmeza el suelo siempre inestable de la existencia. No va de currículums ni proyectos: va de vínculos y convivencia, de reconocimiento y respeto. Y va a tener figuras de referencia que nos guíen más allá del ámbito de la familia.

Topar en algún momento de los años que pasamos en la escuela y el instituto con un profesor que te cambia la vida es una de esas loterías que deben agradecérsele al destino. En los centros hay de todo: hay quien se dedica a la enseñanza porque no sabe qué hacer o porque no ha tenido éxito en otro ámbito. Hay gente frustrada y gente que sólo quería ser funcionaria para cobrar su sueldo y hacer lo mínimo. Hay también quien ambiciona el poder, quien quiere prosperar y llegar muy arriba en la escala administrativa no porque quiera hacer cosas o cambiarlas, sino porque quiere estar por encima de los demás. Son quienes, sin estar afiliados a ningún partido, practican más la política que la docencia. Y después hay un buen puñado de personas dedicadas a este oficio que están ahí por una profunda vocación, que encuentran sentido en la tarea de nutrir a los alumnos con conocimientos y saberes, y participan del maravilloso proceso que es ver cómo se va haciendo una persona. Aman lo que hacen y se quieren a los alumnos; se entregan cada día con todo lo que son, sus personalidades y su bagaje. Hacen bien su trabajo si pueden ser y sentirse libres en el aula, si se saben parte de un sistema y una sociedad que los valora y deja que enseñen cómo creen que deben enseñar. Hay más ortodoxos y otros que se salen un poco más de la norma; algunos lo hacen todo como toca y otros prefieren métodos menos convencionales. Da igual. Lo importante es que puedan ser como son con los alumnos y que así los niños puedan tener una diversidad de referentes. Construyen así una seguridad que les prepara para ir por la vida y enfrentarse a las inclemencias que traerá la edad adulta.

Para acabar con la educación universal no es necesario hacer leyes neoliberales ni recortes presupuestarios drásticas. Lo más eficaz es atacar directamente esta pieza fundamental de la educación: los profesores y maestros vocacionales que aman su trabajo y aman a los alumnos. Cúbrales de burocracia, censúrenles los modos, sométenlos a una estrategia de "vigilar y castigar", cuélgalos bajo ingentes toneladas de cursos de formación del todo inútiles, quítales todo el poder y póngalos en el punto de mira. Dar voz a las familias que se quejan por cualquier incomodidad de los alumnos, montarles un escarnio público por cualquier falta sin importancia, atribuirles mala fe y envenenar la confianza que tienen en su trabajo con dudas absurdas. Convierta a los alumnos en clientes y los docentes en sus servidores, socava la buena autoridad de quien transmite saber y ya lo tendrá. Ya habrá terminado con la pieza más importante del tablero de la educación. Y, por tanto, de la libertad individual. De la democracia.

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