Un aula vacía de la Escola Dolors Almeda de Cornellà.
05/06/2026
Periodista
2 min

Solo hay un lado positivo desde donde mirarse el conflicto entre los maestros y el departamento de Educación: puede poner la enseñanza, por fin, en el centro de las preocupaciones del país.No estamos ante un conflicto laboral más, sino ante la explosión de un malestar corporativo resultado de un malestar social persistente que se ha instalado en las escuelas. Me lo decía una maestra con el ánimo por los suelos: “Los maestros tenemos que hacer frente a unos encargos muy poderosos sin contar con los medios correspondientes. Nadie se atreve a decirlo porque parece que ataques la escuela inclusiva, pero cuando tienes en la misma aula críos con trastornos de conducta y alumnos que no te entienden nada porque acaban de llegar, o sabes que los días que haces huelga hay chicos que quizás pierden una comida caliente, te sientes muy desgraciada”.Hace ya años que la escuela catalana funciona con las señales de alarma encendidas, y precisamente por eso sería bueno que todos encontraran el tono. Empezando por el Gobierno, que no puede confundir un aumento de sueldo con empatía; pero continuando por la oposición, porque los tres partidos más grandes del Parlament tienen o han tenido responsabilidades de gobierno. Y por los sindicatos, que corren el riesgo de perder el apoyo social con que han contado inicialmente las protestas. Sería el momento oportuno para buscar un gran acuerdo de país. Y para ello se necesita liderazgo, valentía para comprometerse y energía para remontar la situación y salir del bucle de desconfianzas, errores y comodidades. No hace muchos meses escribí aquí –hablando de maestros, médicos, agricultores y movilidades– que estábamos en emergencia nacional. Y este tipo de emergencia solo se puede superar con el esfuerzo y la voluntad de todos.

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