Que China sea la fábrica del mundo empieza a ser un problema para el resto. Sobre todo ahora que lo que producen es esencial, y con una tecnología superior a la nuestra; los tiempos en que el país hacía ingeniería inversa han quedado atrás. Se quejó Trump y, ahora, también lo hace la Comisión Europea, que se ha propuesto reducir un déficit comercial creciente entre la Unión y el gigante asiático.
La Comisión valora que la fabricación global de componentes electrónicos, semiconductores y componentes para los vehículos eléctricos hace que el Viejo Continente sea demasiado dependiente en sectores clave. Y, en una década de repliegue geopolítico, a cada uno le toca velar por mantener los activos estratégicos en casa. Los datos de algunos productos son demoledores: el 98% de los paneles solares y el 88% de las baterías de litio se fabrican en China.
La dependencia tecnológica es un riesgo real y la ley de aceleración industrial apunta en la buena dirección. Pero hay que vigilar las consecuencias no deseadas. Europa hace tiempo que debe ponerse las pilas. Y, para ir bien, que sean de litio. Como no podía ser de otra manera, China critica cualquier medida proteccionista y advierte que responderá. A su vez, la UE acusa a China de hacer dumping (vender por debajo de coste) gracias a las subvenciones del gobierno. Encontrar un punto de equilibrio no será fácil: se quiere reducir las importaciones sin perjudicar demasiado las exportaciones de algunos de los países miembros.
Proteger no es gratuito. Las reacciones en cadena son difíciles de predecir y aún más difíciles de revertir. Un ejemplo de ello son los aranceles que la UE añadió a las importaciones de vehículos eléctricos fabricados por empresas chinas, que ganan cuota de mercado, año tras año, por sus precios bajos. Pues bien, las empresas absorbieron los costes de los aranceles y promovieron las ventas de modelos híbridos enchufables, que están exentos de estos aranceles. ¿El resultado final? Un crecimiento de las ventas de coches chinos. La dependencia tecnológica es un riesgo real y la ley de aceleración industrial apunta en la buena dirección. Pero hay que vigilar las consecuencias no deseadas. Europa hace tiempo que debe ponerse las pilas. Y, para ir bien, que sean de litio.