Anteayer fue San Jorge, patrón de Cataluña desde hace muchos siglos. Me parece que fue en 1456 –en esto de las fechas soy muy malo–, que fue proclamado. San Jorge era griego y era un soldado romano, con cargo, me parece que era tribuno. Cuando Diocleciano dio la orden de perseguir a los cristianos, Jorge se negó, diciendo que él también lo era, de cristiano. El emperador se enfureció y lo condenó a muerte. Sobre el martirio del futuro santo, se empezaron a tejer leyendas. Lo que parece ser cierto es que fue decapitado. Pronto empezó a tener muchos devotos y el emperador Justiniano construyó una iglesia sobre su tumba. La devoción al santo se expandió por todo el imperio oriental. Cuando los cruzados cristianos fueron a Oriente se encontraron con una devoción arraigada y viva. Ricardo Corazón de León la llevó a Inglaterra y ahora San Jorge es patrón de allí, así como de otros países de Occidente. En Roma se construyó una preciosa basílica en su honor, San Giorgio in Velabro. En Venecia, San Giorgio Maggiore, en la isla que lleva su nombre, con una iglesia construida por Palladio. La República veneciana regaló un fragmento de reliquia suya a los catalanes, reliquia que se conserva en la capilla de San Jorge del Palau de la Generalitat. Y como abril es mes de rosas, la fiesta del santo se asoció a la rosa, y los chicos regalaban rosas a sus enamoradas. Y todavía lo hacen.
siempre había sido el día del libro y Sant Jordi se metió allísiempre había sido el día del libro y Sant Jordi se metió allí” no es en absoluto verdad. Siempre había sido san Jorge y el libro se metió allí mucho más tarde. También dijo, este famoso escritor español, haciendo una de las boutades a las que es tan aficionado, que san Jorge no sabía leer y que era un maltratador de animales. ¡A ver quién la dice más gorda! Yo creo que un tribuno romano sabía mínimamente latín —y quizás griego y todo— y que esto de los animales viene de la historia del dragón legendario. Yo creo que un tribuno romano amaba a su caballo, como mínimo.
La leyenda del dragón, que en Cataluña hemos situado en Montblanc, es una simple leyenda como tantas hay que se refieren a los santos. Ya la saben, y no me entretendré a explicarla con detalle. Un dragón dentudo reclamaba cada día dos ovejas y los ciudadanos de Montblanc se las daban. Pero las ovejas escasearon y entonces añadieron personas. Lo hacían a suertes. Hasta que un buen día tocó a la hija del rey, que era muy joven y bonita y doncella –¡cómo no!– y tuvo tanta suerte, la muchacha, que san Jorge pasaba por allí y se enfrentó con el dragón y lo mató. En fin, muy bonito, pero una leyenda como tantas otras. A veces hemos cambiado el dragón por una araña, porque como rima con España, podíamos hacer todos los juegos de palabras que quieran.
Otra leyenda de abril es la que se refiere a Salvador Espriu. A mí me la explicaron el otro día. Parece, dicen, que ha aparecido una carta del poeta dirigida a su abogado, diciéndole que quería que lo incineraran y que de ninguna manera quería ser enterrado en el cementerio de Arenys de Mar. Esto quizás sea verdad. La leyenda es que un día, pongamos del mes de abril, el poeta fue a pasear con unos amigos y que subieron hasta el cementerio. El cementerio de Arenys es muy bonito, ya lo saben, y si no han estado nunca les recomiendo la visita. Pero resulta que, junto al cementerio, se habían levantado unos bloques de pisos desmesurados, espantosos. El boom turístico, la inmigración… Espriu, cuando los vio, se horrorizó, y profirió aquella famosa frase que se ha hecho leyenda: ¡que me entierren allí donde quieran!