“Luces oscuras” es el nombre que Arnaud Miranda, profesor en Sciences Po en París, da en un libro reciente al nuevo pensamiento neorreaccionario que amenaza Europa y las democracias en general en este cambio de época que es el paso del capitalismo industrial al financiero y digital.
Miranda señala cinco características determinadas de esta revolución ideológica conservadora. “La convicción de que existen jerarquías naturales: desigualdades insuperables que estructuran las sociedades humanas: sociales, raciales y sexuales, de las cuales se infiere un elitismo radical”.
Un profundo “pesimismo antropológico”. La violencia como componente inexpugnable de la condición humana, en la línea del realismo político de tradición hobbesiana que apela al orden como absoluto y que considera las teorías de justicia social como una fabulación de un idealismo engañoso.
Una negación absoluta de la democracia, vista como una forma política ineficaz para garantizar la seguridad en la precariedad de la situación actual, con el triunfo de una élite corrupta de colusión entre medios políticos, mediáticos e intelectuales.
Esto lleva a sus promotores a la reivindicación de la salida de las democracias liberales. Los clientes que están agotados y son abusados por sus servicios –dicen– tienen el derecho a salir de ellas, para ir hacia la construcción de un estado sin fisuras.
Y todo ello para entregarse al tecnooptimismo. La hegemonía de la tecnología es el anhelo común de esta revolución. La democracia y el progresismo son “verdaderos frenos al desarrollo del tecnocapitalismo”. Y la transición reaccionaria es la vía de aceleración hacia un futuro transhumanista.
No es difícil entender hacia dónde nos quiere llevar todo esto. Se respira en el ambiente. El Financial Times Weekend de la semana pasada dedicaba un relato de Gabriel Gatehouse a los bilionarios en las barricadas. Y no hace falta mucha imaginación para saber a quién señalaban como jefe de la revuelta: Elon Musk. “Es el poder del algoritmo –escribe el autor–. El miedo y la rabia vienen; los matices, no. Por eso Musk compró X”. “Alejandro III descubrió que los pogromos eran un instrumento útil para desviar el odio y proteger el viejo orden”. Ahora “Musk apoya a la nueva extrema derecha británica (Restore Britain) y su incendiaria retórica contra los inmigrantes. No es solo ideología. Es una desviación”. Una maniobra de distracción que amenaza a Europa con un giro acelerado hacia la extrema derecha. La explosión de esta corriente, bajo el amparo del nuevo poder digital, es una advertencia que, a cada nueva elección, está tomando más cuerpo, más incidencia en la sociedad y una penetración creciente en las instituciones, y tiene la fuerza de esta nueva élite transnacional que Musk representa. La Ilustración oscura sueña con poseernos a todos.