Hacer un Lula a Zapatero (y a Sánchez)
Zapatero concedió una entrevista a TVE para dar explicaciones, hasta donde le conviene darlas por motivos de estrategia procesal. Es lícito: es el primer expresidente español en ser investigado judicialmente, y lo es con cargos importantes, como organización criminal, tráfico de influencias y falsedad documental.
Las reacciones políticas han sido las previsibles: el PSOE mantiene que Zapatero es inocente y que se ha explicado con transparencia (incluso después de que los dos Julio Martínez hayan declarado contra él); el PP sostiene que no solo es culpable, sino también que la suerte de Zapatero va indestriablemente ligada a la de Pedro Sánchez y que ambos deben responder de las fechorías de la banda que, siempre según el PP, manda en la Moncloa. No lo dicen con estas palabras, pero opinan que ambos deben ir a prisión, y desde el mismo PP y sus alrededores esta idea –Zapatero y Sánchez a la prisión– se machaca y se mastica un día sí y el otro también. Los partidos de la investidura se mantienen a la expectativa sin decir muy bien qué en concreto, con la excepción de Sumar, que coincide con Vox en la actitud de pedir “más explicaciones”, pero sin mucha convicción y sin mucho énfasis. En el caso de Sumar, porque son y seguirán siendo socios del gobierno de coalición; en el de Vox, porque han descubierto que les sale más a cuenta dejar que el PP se queme y se desgaste en su estrategia de tierra quemada mientras ellos recogen los resultados: expectativa de incremento electoral y un dominio político indiscutible sobre el PP en las comunidades y los ayuntamientos donde gobiernan juntos.
La causa será previsiblemente larga e intrincada porque implica a muchos actores, pero sobre todo porque implica entrar en un terreno hasta ahora desconocido (enjuiciar a un expresidente), en el que el poder judicial y el político por fuerza se interfieren y se contaminan. Esto, como sabemos, no es ninguna novedad en el estado español, pero sí lo es que las togas vayan contra un expresidente. No hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que la investigación contra Zapatero (es interesante que se investigue a los expresidentes del gobierno de España, pero aún es más interesante preguntarse por qué no se ha empezado por cualquiera de los otros tres expresidentes vivos) es munición de gran calibre contra Sánchez. Ni tampoco para darse cuenta de que existe un precedente cercano en el tiempo en Brasil, en el procesamiento y encarcelamiento de Lula da Silva, justamente por corrupción. Cualquiera que quiera hacer la comparación se dará cuenta de que las acusaciones contra Lula, los acusadores (la derecha y la extrema derecha, con Bolsonaro al frente), las pruebas incriminatorias y el clima político asfixiante que se creó en torno al caso (llegó a tener una decena de causas abiertas que le señalaban a él directamente) son sacadas del mismo manual que aplica ahora el PP. En Brasil, finalmente el Supremo exculpó a Lula y cerró todas las causas. Lo hizo sobre la base de diversos argumentos, pero uno de los principales fue que el juez que había instruido el proceso, Sérgio Moro, había demostrado no ser imparcial.