El Madrid, la única alegría del Barça

BarcelonaEl Real Madrid cayó ante el Espanyol porque fue peor, muchísimo peor que su rival. Y la derrota podría haber sido más dura si Darder hubiera acertado la que tuvo solo ante Courtois. El Madrid fue Benzema y nada más. Una defensa de feria, un despelote tácticamente, una falta de intensidad sonrojante. Un esperpento, vaya. Y eso que venían avisados después de empatar ante el Villarreal y, sobre todo, del ridículo frente al Sheriff. El Madrid, en fin, se ha empeñado en ser la única alegría culé en este principio de temporada, la única coartada del Barça.

Ya lo dice el refrán: mal de muchos, consuelo de tontos. El alivio es lógico porque no es un rival más, sino el archienemigo histórico, pero el Barça no es mejor equipo, ni mejor club, porque el Madrid la haya pifiado. La falta de grandeza también es esto y la mediocridad está ya tan instalada, tan digerida, tan normalizada, que es preocupante. Habrá a quien le distraiga el y tú más, pues anda que tú, habrá quien se entretenga con los gritos, trincheras y discusiones de bares y chiringuitos mientras un elefante enorme saca las palomitas y se repantinga en el sofá a disfrutar del espectáculo, pero el Barça está exactamente en la misma situación que el sábado por la noche: un equipo sin alma, sin juego, sin soluciones, poco trabajado y físicamente justito entrenado por un técnico que señala a un chaval de 19 años, Nico, para justificar su empeño en colocar a tres centrales porque al presidente le hace daño a la vista y así poder seguir participando en el concurso de quién tiene la razón.

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Un entrenador que ha sido ratificado 48 horas después de ser sentenciado por el presidente en una reunión con periodistas. Un presidente que no le encuentra sustituto y que no parece tener plan ni proyecto rodeado de mariachis que le están prestando un flaco favor a la institución. Un vicepresidente deportivo que miente descaradamente sobre el técnico afirmando que nunca se han planteado destituirle. Un club dividido y en la ruina que conocerá pasado mañana el alcance exacto del desastre perpetrado por Bartomeu. Eso es el Barça ahora mismo. Y el Real Madrid aquí no pinta nada más que alegrarle la tarde al tribunero de turno. Que no es poco, dirán algunos. Los mismos que siguen sin ver al gigantesco elefante en la habitación.