Malos tiempos para la templanza

Pedro Sánchez, en un mitin en Ponferrada, cargó contra el Tribunal Supremo por presionarle para aprobar la ley de nietos. Una ley que permitiría a los nietos de los exiliados republicanos votar en España. Sánchez debe pensar que la mayoría de estos exiliados, en países latinoamericanos, votarían opciones progresistas. Pero eso es suponer mucho. De entre todos los hay que sí, claro. Y seguro que no habría muchos que votarían al PP, claro. Pero también los habría –pienso en los nietos de los catalanes– que quizás elegirían opciones catalanistas. En todo caso, la frase que soltó fue esta: "¿Los nietos de los exiliados del franquismo no podrán votar y los nietos del régimen franquista sí podrán?"

En la primera parte de la frase Pedro Sánchez habla de los “nietos de los exiliados”, y en la segunda habla de los “nietos de los franquistas”. Eso es hablar a grandes rasgos. No es moral hablar de nietos de franquistas, porque no todos los que se quedaron lo eran. Se quedaron republicanos encarcelados, campesinos sin ninguna afiliación que no tenían ningún recurso, republicanos sin dinero y claro, naturalmente, también nietos de franquistas. Se quedó la nieta de Franco, Carmen Martínez Bordiu.

Cargando
No hay anuncios

Un nieto no tiene por qué comulgar con lo que ha hecho su abuelo. Eso es hablar mucho a grandes rasgos. Pero estamos en la era del reel. Los buenos y los malos hablan de buenos y malos y, en consecuencia, dejan de ser buenos y malos. Todo es blanco o negro, todo es muy grande o insignificante, todo se hace a gritos. Y, si pruebas de matizar, los unos y los otros te tildan de woke o de facha.