En marzo, marzo…
Mañana comienza el mes de marzo. Esto significa que hoy es el último día de febrero, el mes más corto del año. Marzo tiene mala fama, seguramente por ese dicho famoso que hace que marzo, marzoo, se lleva la vieja al borde del fuego y la joven si puede. Como decía Josep Pla, estos dichos sólo son verdad si no riman. Y ese dicho rima. Por tanto, según la teoría planiana, el dicho es falso. Y es evidente, porque también se lleva al viejo y al joven. Veremos qué va a hacer este marzo que comienza mañana. No sabemos si va a llevarse más viejas que viejos o más mujeres jóvenes que hombres. Febrero ha pasado, de borrasca en borrasca, todas con su nombre, como se lleva. Han provocado inundaciones, temporales y accidentes en general. Una alteración agitada de "la sublime monotonía de un día tras un día", como escribió Carles Riba. Carreteras cortadas, escuelas cerradas, vuelos cancelados… En mi pueblo, Sant Feliu de Guíxols, suspendieron la rúa carnavalesca porque llovía. Pero los ganchones no pueden resignarse a no celebrar el carnaval y la trasladaron al viernes siguiente, sin pensar que el viernes siguiente era el primer viernes de cuaresma y que rúa y cuaresma eran dos cosas incompatibles. Pero ahora ¿ya quién sabe qué es la cuaresma? En cambio, todo el mundo sabe lo que es el Ramadán. Quizás porque el pobre Lamine Yamal debe correr ayunas y desnerecido sobre el césped que sea. ¡En fin! Eso sí, ahora las mimosas están en su máximo esplendor espolvoreando de perfume el aire de finales de febrero, ofreciendo las tofas de oro de sus blandos vegetales a los ojos de quienes, esperanzados, nos disponemos a cruzar marzo, marzo, sin excesivas complicaciones.
Si hace poco ha empezado la cuaresma, significa que Semana Santa será pronto, este año. Y eso quiere decir que aquellos días de suspensión mágica que van del Domingo de Ramos al Lunes de Pascua se avecinan, y significa, para mí, que escucharé la Pasión de Bach según Mateu y esa maravillosa aria que comenta la negación de Pedro. Ya sé, que la puedo oír cualquier día ya cualquier hora del año, pero escuchada la noche del Jueves en Viernes Santo toma una dimensión emotiva extraordinaria, y su sentido hace Sentido totalmente.
Al día siguiente no el otro, es decir, la noche de Sábado Santo en el Domingo de Pascua, estará el velatorio pascual, en el que los cristianos celebrarán la resurrección de Jesús. La Iglesia católica encenderá el fuego nuevo, bendecirá el agua bautismal y el cirio pascual imperará, simbólico, en la tiniebla de cualquier catedral o parroquia. El diácono cantará el prefacio más entusiasta y emotivo del año, donde pedirá que las bandadas de los ángeles se alegren, que se llene de alegría la misma ceremonia y que las trompetas no paren de resonar. De hecho, que un mortal vuelva de la muerte a la vida merece esta alegría desbocada con la que la Iglesia católica celebra la resurrección de Cristo, sin la cual, como escribió San Pablo, vana es nuestra fe. De hecho, los que vivimos al otro lado de este pequeño charco mediterráneo donde Jesús nació y vivió y murió y resucitar, deberíamos sentirnos especialmente implicados, ya que el envoltorio que la naturaleza nos ofrece en esta época del año hace que lo podamos entender todo un poco más, sólo un poco. ¿Os imagináis cómo sería si fuéramos brasileños? ¿O sudafricanos? Qué difícil entender que los soldados de la casa de Caifás se calentaran junto al fuego cuando Pedro negó a Jesús tres veces seguidas… ¿Vera el fuego? ¡Qué calor, diríamos!
Sí, todo esto ocurrirá este marzo que mañana comienza. Pero van a pasar muchas más cosas, claro. Continuará la guerra de Ucrania; la gente seguirá muriendo bajo la danza imprevisible de los drones. Habrá más bombas cayendo sobre Gaza, aunque el fuego esté detenido diplomáticamente. El señor Trump mirará los planos de la reconstrucción con su yerno constructor y soñará con las palmeras, piscinas y hoteles que sustituirán a las ruinas y al dolor. Nueva York se irá recuperando después de la gran nevada que ha cubierto con montañas de nieve las calles y parques. El año nuevo chino, el año del caballo de fuego, puede que todavía se celebre durante todo marzo. Y aquí, en la pobre Cataluña, seguiremos moviendo sin trenes, porque hace siglos que el Estado no se ha gastado ni un duro en ningún tipo de mantenimiento. Los pueblos de la costa arreglarán todos los desperfectos de las levantadas, deprisa, porque se acerca el verano y empezarán a llegar las corruas de turistas que vendrán a untarse la piel ya tostarla en cualquier playa con arena venida de quien sabe dónde. Marzo, marzo…