Contra el maternalismo

El ARA publica un artículo sobre el espacio que ocupan niños y niñas en los patios de las escuelas. “¿Cómo se configura el cerebro y el carácter de una persona que sólo puede ocupar espacios periféricos a la hora del recreo de toda su infancia? Podríamos decir que crecen asumiendo que esta configuración y ocupación de espacios es «la correcta, es la que se merecen» porque es la que aprueban los adultos a cargo, por lo que durante la adolescencia en los institutos los espacios tienen el mismo diseño” , leo. En el artículo explican que los niños suelen ocupar la parte central y las niñas la periférica. En la foto se ven a unos niños jugando al fútbol, ​​en medio del patio, y unas niñas sentadas en el suelo contra las paredes.

Yo diría que el fútbol, ​​sea masculino, femenino o mixto, es mejor que se juegue en medio del patio. Y entiendo que los alumnos que prefieren hablar (chicos o chicas) quieran sentarse contra una pared, que les sirva para apoyar la espalda. Hay muchas inercias que es necesario solucionar de cara a obtener la igualdad. Pero no diría que ésta sea demasiado relevante. Leía el otro día, también en este diario, que las chicas participan menos en clase y que los chicos interrumpen más. Quizás cada uno madura cuando madura, quizás cada uno se quita la timidez de encima a una edad diferente. Sentarme hablando, contando “la aventura” a las demás, jugando a concursos de la televisión, quizás me ha hecho ser la que soy hoy: alguien a quien le gusta contar historias. Yo quería sentarme y hablar, contar aventuras. Y sentarme y hablar en medio del patio no me parece acogedor. Me parece lógico buscar la sombra, y buscar una pared para la espalda. No tengo la culpa de que no me gustara jugar a pelota. Y no diría que la situación en el patio condicione por lo general los caracteres de los futuros adultos, pero cada uno explica la feria, ya lo entiendo, según le va.

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