Un grupo de mayores, en unos bancos del centro de Barcelona.
01/07/2026
Escritora
2 min

Con ánimo refrescante, mientras leo el ARA en línea, me detengo en la publicidad de un aire-acondicionado-que-no-es-exactamente-un-aire-acondicionado llamado Epi-cooler. Como no lo venden en las tiendas de ventiladores (que están haciendo agosto y julio) sino que solo lo venden por internet, te explican un montón de cosas que te lo hacen irresistible por si eres de aquellos que aún quedan que quieren ir a la tienda. Tiene “un soporte de pared incluido con tacos y tornillos” y un enchufe estándar (¡ojalá las sequías!) de la marca o quizás modelo Schuko (1,8 m). Y ya iba a pedirlo sin justamente encomendarme al Espíritu Santo, cuando he leído que también tiene un “Manual en español (comprensible también para personas mayores de 70)”.

¿Qué pasa, que los mayores de setenta no saben leer instrucciones? ¿Son unas instrucciones muy, muy fáciles y masticadas para que los abuelos, cuando los hijos les compren el aparato, no se líen y sepan encenderlo? ¿Lo hacen también con los reproductores de música? ¿Con los audiolibros? ¿Y con los libros? ¿Son más fáciles, los libros, que estas instrucciones? ¿Un mayor de setenta años que no puede leer las instrucciones de la máquina que ya no me compraré, puede leer este diario? ¿O es que le tendremos que hacer una sección, al lado de Criaturas, que se llame Viejos del demonio? Digo que ya no me lo compraré, este aire, porque me falta una década para los setenta y entonces me lo tendría que vender por Wallapop. Ay, no, que no sabré hacerlo. Es decir, quizás estaré trabajando, por el bien de cotizar, pero no me podré gastar el sueldo en nada tecnológico. Ay, perdón. Quería decir “tecnológico. Ahora no sé qué he tocado. Habrá que llamar a algún cuidador, pero ¿cómo se pulsa el botón vermelho?

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