El mes horrible

El Papa vino, España ganó el Mundial y el eclipse llegó clavado a la hora prevista, celebrado con lluvia de confeti por el Gobierno (y con el no menos puntual fracaso de Rodalies en su papel sin rival de aguafiestas) pero la alegría por decreto se acabó en Ceuta. Y aún se mueve. Y espérate.Pude comprobar el impacto psicológico de la noticia estando a miles de kilómetros de casa, porque las imágenes de decenas de miles de personas pobres entrando desordenadamente a otro país produce el mismo escalofrío primario en todas las espinadas: nos están invadiendo.Está claro que, por escalofrío, lo que todavía provoca el más horribilis del gobierno español, nulo en la detección y la anticipación, increíblemente lento y torpe en la gestión, con Sánchez de vacaciones, la ministra de Defensa y el de Interior contradiciéndose, la Unión Europea alarmada y con Aznar yendo allí a hacer el discurso de mil hombres, como enseñando al rey cómo hay que reaccionar cuando la patria está en peligro. Si Marruecos quería causar otra crisis profunda en el gobierno español, lo ha vuelto a conseguir. Si lo ha hecho en coordinación con la agenda de Trump  (“España es un aliado horrible”, “España una causa perdida”) lo ha parecido. Incluso para un resistente profesional como Sánchez, Ceuta puede haber significado el final de la escapada.Mientras tanto, miles de personas malviven en Ceuta, utilizadas por Marruecos y rechazadas por España. Cualquier respuesta humana debe tener presente que en este mundo de crueldad verbal y legal que presidentes como el de los Estados Unidos están imponiendo, todo lo que les hagan a los asaltantes de Ceuta encontrarán la manera de hacérnoslo a nosotros el día que decidan que somos una molestia.